Muchos de nuestros jóvenes
tienen las informaciones correctas, pero no viven en un escenario adecuado para
ejecutarlas; simplemente, la sociedad les ha impedido el desarrollo armonioso
de su conducta; de esa conducta intachable de la que una vez Jesucristo vino a
esta tierra a mostrarnos que sí se podía.
Con cada acto de bondad,
misericordia, amor, justicia y perdón que practico Jesucristo, mientras estuvo aquí
en la tierra, fue un ejemplo para cada uno de nosotros. Pero tristemente,
estamos tan ocupados mentalmente, y confundidos, que se nos hace muy difícil ser
coherentes.
¿Cuántos jóvenes que han
abandonado las congregaciones religiosas, están confundidos y decepcionados del
sistema, que no les permite volver a creer ni en la iglesia, ni en la biblia,
ni en el mismo Dios?
¿Cuántos de esos jóvenes, que,
a pesar de haber nacido en la iglesia, hoy están fuera de ellas desgastando y
destruyendo su vida en este mundo de perdición?
¿Cuántas madres pasan los días
y las noches orando por sus hijos, para que nada malo les pase en las calles?
¿Cuántos jóvenes se han
ido de esta vida, sin la esperanza de una vida nueva en Cristo?
¿Cuántos jóvenes más
tendremos que perder, por personas que no practican la coherencia, y que
lamentablemente se han convertido en un mal ejemplo a seguir?
Nuestras
acciones deben reflejar de forma natural, nuestros pensamientos, creencias y
convicciones; podemos
actuar de manera incorrecta y lograr que no pasar nada; pero también podemos
actuar incorrectamente y dañar todo un sistema. No seamos parte de la
incoherencia de este mundo; vamos a darnos (nosotros mismo) la oportunidad de
contribuir con un futuro mejor para nuestras próximas generaciones.
Dios desde el principio,
cuando todo estaba desordenado y vacío (las cosas no estaban correctamente
ordenada, por eso existía la nada), creo un mundo maravilloso, armonioso,
perfecto, el cual era para que el ser humano lo administrara de la forma que Él
le había enseñado; pues todo tiene un orden lógico y divino.
Dios es el Dios de paz, de
amor, de armonía, de perdón, de bienestar, de salud, de plenitud, de gracia, de
todo lo que existe que se ve y lo que no podemos ver. Ese mismo Dios nos ha
dado promesa eterna, y cada día nos dice que nos ama; Él es coherente con lo
que dice; y hoy a través de su palabra nos dice en el Salmos 89:34: “No quebrantaré mi pacto, ni cambiaré la
palabra de mis labios”. Seamos pues coherentes como Dios.
Que
Dios pueda bendecirte y regalarte una vez más una oportunidad para mejorar;
recuerda que siempre se puede ser mejor.
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