Cada día parece traer consigo una nueva noticia que nos deja perplejos. Escándalos de corrupción, actos de violencia, conflictos sociales, intolerancia, desigualdades, indiferencia ante el sufrimiento ajeno y una creciente sensación de frustración colectiva, que ya forman parte de las conversaciones cotidianas.
Muchos ciudadanos sienten que no
son escuchados. Otros perciben que la justicia avanza lentamente o que no
siempre alcanza a todos por igual. Las redes sociales, que en teoría deberían
acercarnos, con frecuencia se convierten en espacios de confrontación donde la
empatía parece escasear y las diferencias se transforman en motivo de división.
Ante este panorama surge una
pregunta inevitable: ¿Qué está pasando con nuestro mundo?; Como cristianos, no
somos ajenos a estas inquietudes. También observamos la realidad, sufrimos sus
consecuencias y anhelamos una sociedad más justa. Sin embargo, la Palabra de
Dios nos invita a mirar más allá de los acontecimientos inmediatos para comprender
que nada de esto ha tomado al Señor por sorpresa.
Cuando la Biblia parece
describir nuestros días
Al observar lo que ocurre a
nuestro alrededor, resulta inevitable preguntarnos qué está pasando con nuestra
sociedad. La intolerancia parece crecer, la desesperación se hace evidente en
muchas conversaciones y la confianza entre las personas se debilita cada vez
más. Sin embargo, quienes estudiamos las Escrituras sabemos que nada de esto
debería sorprendernos.
Hace siglos, los profetas ya
advertían que una sociedad se aleja de Dios cuando deja de practicar la
justicia, la misericordia y la compasión. Amós denunció a quienes ignoraban el
sufrimiento de los más vulnerables (Amós 5:24), mientras que Miqueas recordó
que el deseo de Dios siempre ha sido que vivamos haciendo justicia, amando la
misericordia y caminando humildemente delante de Él (Miqueas 6:8).
Quizás por eso el problema de
nuestro tiempo no sea únicamente político, económico o social. Tal vez estamos
contemplando los síntomas de una crisis mucho más profunda: una crisis
espiritual, de una sociedad que pierde la confianza en si misma y en todo lo demás.
A todo esto, debo añadir, con el
fin de corroborar el párrafo anterior, que diversas investigaciones recientes
han encontrado que la confianza interpersonal y el apoyo social continúan
siendo factores fundamentales para el bienestar humano. El World Happiness
Report 2024 señala que las personas que perciben apoyo, solidaridad y
relaciones significativas experimentan mayores niveles de bienestar que
aquellas que viven aisladas o desconectadas de su comunidad.
Esto nos debe llevar a
reflexionar sobre algo importante, cuando una sociedad deja de escuchar, deja
de servir y deja de preocuparse por los demás, inevitablemente comienza a
fragmentarse. Y es por esto por lo que hoy vemos tanta frustración, tanta
división y tanta desesperanza.
Otras investigaciones publicadas
recientemente, como por ejemplo la de Scientific Reports, también
sugieren que durante períodos de crisis puede disminuir la confianza hacia las
instituciones, aumentando el descontento social y la sensación de incertidumbre,
una realidad que parece reflejarse en numerosos contextos sociales contemporáneos.
Lo bueno de todo esto es que, aun
en medio de este panorama, Dios continúa llamándonos a ser diferentes.
Cuando Pablo escribió a Timoteo
acerca de los postreros días, describió una humanidad cada vez más centrada en
sí misma, menos agradecida, menos compasiva y más distante de los principios de
Dios (2 Timoteo 3:1-5). Al leer esas palabras hoy, pareciera que estuviera
describiendo muchas de las actitudes que observamos diariamente. Pero el
propósito de estas advertencias nunca fue producir miedo.
Jesús habló de guerras,
conflictos y angustia entre las naciones. Sin embargo, también enseñó que
cuando estas cosas comenzaran a suceder, sus seguidores debían levantar la
cabeza y mirar con esperanza, porque la redención estaría más cerca (Lucas
21:25-28; Mateo 24:6-8).
La profecía bíblica no fue dada
para generar ansiedad, sino para fortalecer nuestra confianza en que Dios
continúa teniendo el control de la historia, recordándonos que la justicia
humana es limitada; la justicia de Dios es perfecta; aunque todos anhelamos
vivir en una sociedad donde la justicia funcione correctamente, donde las instituciones
sean transparentes, que haya igualdad ante la aplicación de la ley, que los más
vulnerables sean protegidos, entre otras cosas (y claro que esos deseos son
legítimos), la Biblia nos enseña que ninguna estructura humana podrá erradicar
completamente la injusticia mientras el pecado continúe gobernando el corazón
del ser humano.
Es por esto que nuestra esperanza
definitiva no puede ni debe estar en un sistema político, en un gobierno o en
una ideología. Nuestra esperanza está en Cristo.
Isaías anunció un tiempo futuro
en el que la violencia, la injusticia y el sufrimiento dejarán de formar parte
de la experiencia humana (Isaías 11:6-9). Un reino donde la paz y la justicia
serán una realidad permanente bajo el gobierno de Dios. Y tenga por seguro que
ese día llegará. Un día la justicia no será parcial, donde la corrupción
desaparecerá, donde el sufrimiento terminará y donde Dios enjugará toda lágrima
de los ojos de sus hijos (Apocalipsis 21:4).
La esperanza sigue siendo
posible
El filósofo y ético cristiano
Brian Stiltner ha señalado que la esperanza cristiana no debe entenderse
solamente como una virtud individual, sino también como una fuerza capaz de
reconstruir relaciones y fortalecer comunidades en tiempos de incertidumbre. Y
esa esperanza de la que habla Brian Stiltner encuentra un eco profundo en las
palabras de Pablo cuando presenta a Dios como el "Dios de esperanza"
(Romanos 15:13).
Qué interesante resulta observar
cómo esta idea armoniza con las enseñanzas bíblicas; y por supuesto que la
esperanza no consiste en negar la realidad, consiste en saber que la realidad
no tiene la última palabra, sino que Cristo la tiene.
Por eso, aunque observemos
injusticias, conflictos y dificultades, seguimos creyendo que Dios continúa
obrando, llamando personas al arrepentimiento y preparando el glorioso día en
que establecerá plenamente su reino de justicia y paz.
A estas alturas te estarás preguntando
¿Qué debemos hacer mientras tanto?, la respuesta basada en la biblia no es la
indiferencia, tampoco es la desesperación, y mucho menos el miedo; Dios nos
llama a ser instrumentos de justicia, misericordia y reconciliación desde donde
vivimos y con todos los recursos que Dios ha colocado en nuestras manos.
Podemos escuchar con respeto
cuando otros piensan diferente, podemos actuar con integridad aun cuando la
corrupción parezca normal, podemos extender misericordia cuando el mundo
responde con agresividad, podemos ser luz en medio de la oscuridad y, sobre
todo, podemos anunciar la esperanza que encontramos en Jesucristo.
Porque, aunque el mundo parezca
cada vez más confundido, Dios sigue teniendo el control de todo, y aun de nuestra
historia hoy, solo debemos de creerle a Él.
El llamado de hoy es a no preguntarnos
solamente ¿Qué está pasando con nuestro mundo?, la pregunta hoy es ¿Dónde está
puesta nuestra esperanza?; porque definitivamente si nuestra confianza depende
únicamente de las circunstancias, viviremos eternamente frustrados. Si depende
de los hombres, tarde o temprano seremos decepcionados. Pero si está cimentada
en Cristo, podremos mantener la paz aun en medio de la incertidumbre.
La Biblia nos advirtió que estos
tiempos llegarían, y también nos aseguró que Dios permanece y permanecerá fiel
a su Palabra. Por eso, más que mirar el futuro con temor, estamos llamados a
prepararnos espiritualmente, fortalecer nuestra fe y acercarnos cada día más al
Señor.
Porque mientras muchos ven
señales de desesperanza, los creyentes vemos señales de que las promesas de
Dios continúan avanzando hacia su glorioso cumplimiento (Lucas 21:28), y esa, mi
amigo/a, es una razón suficiente para seguir caminando por fe.
Porque todavía hay esperanza.
Porque todavía hay misericordia.
Porque todavía hay un Salvador
que viene pronto.
Y porque todavía hay Olor a
Cielo.
Preguntas para meditar
- ¿Estoy permitiendo que la frustración de este mundo
robe mi paz y esperanza?
- ¿Estoy reflejando la justicia y la misericordia de
Dios en mis acciones diarias?
- ¿Dónde está realmente puesta mi confianza?
- ¿Estoy preparándome espiritualmente para el encuentro
con Cristo?
Oremos juntos
Padre celestial, estamos
conscientes de que vivimos en tiempos de incertidumbre y que muchas veces
nuestro corazón se inquieta al ver lo que ocurre a nuestro alrededor. Ayúdanos
a no perder la fe ni la esperanza. Enséñanos a vivir con justicia, misericordia
y humildad delante de Ti. Danos discernimiento para comprender los tiempos que
vivimos y fortaleza para permanecer firmes en tus promesas. Que nuestras vidas
reflejen tu amor en medio de un mundo necesitado. Y mientras esperamos el
glorioso regreso de Jesucristo, ayúdanos a caminar con fidelidad, confianza y
esperanza. En el nombre de Jesús. Amén.
Autora: Elisa Pimentel
Blog: Oloracielo.blogspot.com
YouTube: https://www.youtube.com/@oloracielord
Créditos y fuentes consultadas
Helliwell, J. F., Layard, R., Sachs, J. D., De Neve, J.-E.,
Aknin, L. B., & Wang, S. (2024). World Happiness Report 2024.
Aassve, A., Capezzone, T., Cavalli, N., et al. (2024). Social
and political trust diverge during a crisis. Scientific Reports.
Stiltner, B. (2024). Hope in Community: Recovering the
Most Elusive Social Virtue in American Church Practice. Journal of the
Society of Christian Ethics.
Santa Biblia, Reina-Valera 1960.