“Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.”
Mateo 5:3
“Bienaventurados los pobres en espíritu…” Pero ¿qué significa realmente ser pobre en espíritu?
¿Está Jesús hablando de tener poco dinero?
No.
La palabra que Mateo utiliza para “pobre” describe una condición de profunda necesidad. Y es que el asunto no está en cuánto tenemos en nuestras manos, sino en reconocer cuánto necesitamos a Dios en nuestro interior.
El pobre en espíritu no es aquel que piensa “No valgo nada”, ni tampoco es quien vive derrotado, sin esperanza o sin iniciativa. Es quien ha comprendido algo que nuestro orgullo muchas veces se resiste a aceptar: “Yo necesito de Dios.”
Lo necesito cuando estoy fuerte, cuando estoy cansado, cuando tengo respuestas y cuando no las tengo, cuando las cosas están saliendo bien y cuando todo parece desmoronarse, para tomar decisiones, para saber cuándo avanzar y cuándo esperar, lo necesito para reconocer que no todo lo que quiero es necesariamente lo que me conviene.
Vivimos en una cultura que nos enseña cada día a ser autosuficientes: “Puedes hacerlo”, “Confía en ti”, “Persigue tus sueños”, “Haz lo que te haga feliz”, y muchas otras frases más que nos animan a idealizarnos y a olvidar a nuetsro creador.
Y muchas de esas frases pueden tener un lugar en determinadas circunstancias. El problema aparece cuando comenzamos a creer que nuestra propia capacidad es suficiente para dirigir nuestra vida.
Jesús comienza diciendo: “Bienaventurados los pobres en espíritu…” Como si nos estuviera diciendo: Antes de creer que tienes todas las respuestas, reconoce que me necesitas.
Porque quizás una de las formas más sutiles de alejarnos de Dios no sea dejar de creer en Él, sino, acostumbrarnos a vivir sin consultarlo.
Y es que nos hemos vuelto tan fanáticos de nosotros mismos que oramos cuando tenemos problemas, pero no siempre oramos antes de tomar decisiones. Buscamos a Dios cuando necesitamos que abra una puerta, pero no siempre le preguntamos si debemos tocar esa puerta. Le pedimos que nos saque del camino equivocado, pero algunas veces nunca le preguntamos cuál era el camino correcto.
Y es aquí cuando entonces Mateo 5:3 se vuelve profundamente personal.
¿Qué significa ser pobre en espíritu en mi vida cotidiana?
Puede significar comenzar el día diciendo: “Señor, hoy te necesito.”
Antes de responder ese mensaje, antes de tomar esa decisión, antes de aceptar esa oportunidad, antes de comenzar ese proyecto, antes de hablar, antes de actuar, antes de preocuparme, antes de intentar resolverlo todo con mis propias fuerzas... “Señor, necesito de Ti.”
No porque no pueda hacer nada. Sino porque sé que sin Tu dirección puedo hacer muchas cosas y aun así estar caminando en la dirección equivocada.
Qué diferente sería nuestra vida si aprendiéramos a depender de Dios no solamente en las grandes crisis, sino también en las pequeñas decisiones de cada día.
Porque la dependencia de Dios comienza cuando voluntariamente reconocemos que queremos que Él sea nuestra primera opción.
Y luego aparece algo precioso, una promesa hermosa:
“Porque de ellos es el reino de los cielos.”
El reino pertenece a quienes han reconocido que necesitan al Rey. No lleguemes delante de Dios con las manos llenas de méritos, conocimientos, capacidades o planes perfectos. Lleguemos con las manos abiertas dispuestos a recibir lo que Él tiene para nosotros.
Y digamos: “Padre, aquí estoy. Enséñame. Corrígeme. Guíame. Si estoy equivocado, muéstramelo. Si estoy intentando controlar algo que debo entregarte, ayúdame a soltarlo. Si estoy caminando delante de Ti, enséñame a esperar. Y si tengo miedo de seguirte, aumenta mi fe.”
Esto es pobreza espiritual, no tener menos de todo, sino reconocer que, aun teniendo mucho, necesitamos a Dios por encima de todo.
Hoy la invitación es a meditar en ¿Cuánto de nuestras vidas estamos dispuestos a poner en Sus manos?
Porque podemos decir que dependemos de Dios y continuar tomando todas nuestras decisiones como si Él no existiera.
Por eso tengamos presente que ser pobre en espíritu significa comenzar a decir: “Dios, no quiero solamente que estés presente en mi vida. Quiero aprender a vivir dependiendo de Ti.”
Solamente necesitas comenzar con honestidad, diciendo: Hoy quiero aprender a depender de ti.
Oración del día:
Padre, hoy reconozco que te necesito.
Muchas veces he querido resolver mi vida con mis propias fuerzas. He confiado en mi experiencia, en mi conocimiento, en mis planes y en lo que creo que me conviene.
Perdóname cuando he tomado decisiones sin preguntarte.
Enséñame a ser pobre en espíritu: a reconocer que no tengo todas las respuestas y que necesito de Ti cada día, cada hora, cada instante.
Ayúdame a buscarte antes de decidir y no solamente cuando las cosas salen mal.
Dame humildad para escuchar Tu voz, sabiduría para reconocer Tu dirección y valentía para obedecerte, aunque el camino sea diferente al que yo había imaginado.
Hoy pongo delante de Ti mis planes, mis proyectos, mis preocupaciones y mi futuro.
Quiero aprender a caminar por el camino que Tú me muestres. Porque sé que puedo equivocarme. Sé que mis fuerzas son limitadas. Pero también sé que cuando te tengo a Ti, nunca camino solo.
Hoy quiero aprender a depender más de Ti.
En el nombre de Jesucristo, Amén.
Recuerda, que hay Oloracielo.