“José, hijo de David, no temas recibir a María tu mujer…” Mateo 1:20
Hay momentos en los que Dios intenta hablarnos y nosotros estamos demasiado ocupados tratando de hacer que las cosas sucedan a nuestra manera.
Tenemos planes.
Tenemos sueños.
Tenemos proyectos.
Tenemos nuestras propias ideas de lo que creemos que nos conviene.
Y muchas veces no está mal querer avanzar. Lo que puede estar mal es avanzar sin preguntarle a Dios hacia dónde debemos ir.
En la lectura del Evangelio de Mateo, en sus primeros 4 capítulos vemos que José tenía sus propios planes, y según sus costumbres, había tomado una decisión basada en lo que entendía de las circunstancias, al enterarse que su prometida estaba embarazada. Pero entonces Dios intervino y le mostró algo que él, en su humanidad, no podía ver.
José tuvo que decidir entre confiar en lo que sus ojos le decían (lo que veia) o creer en lo que Dios le estaba revelando.
Y José obedeció, y aquí me gustaría resaltar un poco la educación que había recibido José, el conocía las escrituras y conocía a Dios, por esto estuvo dispuesto a escucharlo; No porque entendiera todo, obedeció porque confió en ese Dios que ya conocia.
Una vez más Dios le habló en sueños y le indicó que huyera a Egipto para proteger al niño Jesús. Más adelante volvió a hablarle para decirle que regresara. Y cada vez encontramos a un José dispuesto a escuchar y obedecer.
Esto me hace pensar en nosotros. ¿Cuántas veces hacemos primero nuestros planes y buscamos a Dios después? Tomamos una decisión porque creemos que es la mejor. Elegimos un camino porque parece más conveniente. Nos dejamos llevar por lo que sentimos, por lo que otros nos dicen o por lo que nuestra propia lógica nos hace pensar.
Y cuando las cosas no salen como esperábamos, entonces levantamos nuestros ojos al cielo y decimos: “Señor, ayúdame.”, y ojo, que no estoy diciendo que esto este mal, el volver a Dios, reconociendo que hemos fallado y buscando su dirección, es un acto de amor y de reconocimiento de que Dios tiene poder para cambiar nuestras circunstancias.
Y Dios, en su misericordia, sigue escuchándonos, una y otra vez.
Pero quizás hoy Dios quiere enseñarnos algo diferente; Nos está recordando que no debemos esperar a estar en problemas para hablar con tu Padre, nos está invitando a que hablemos hoy con El.
Habla con Él antes de decidir.
Habla con Él antes de comenzar.
Habla con Él antes de decir que sí.
Habla con Él antes de cerrar una puerta.
Habla con Él antes de abrir otra.
Porque Dios conoce caminos que nosotros todavía no podemos ver.
A veces creemos que necesitamos que Dios bendiga nuestros planes, cuando lo que realmente necesitamos es conocer cuáles son los planes que Él tiene para nosotros y permitir que Él los dirija.
Es muy difícil entregarle a Dios nuestros proyectos, cuando en nuestra humanidad creemos saber exactamente cómo deberían suceder.
La mayoría de las veces decimos: “Señor, esto es lo que quiero. Bendícelo”, e incluso ayunamos y oramos con fervor por aquello que queremos, pero no para escuchar lo que Dios tiene para decirnos con relación a nuestras decisiones.
Por eso, una forma más cercana y más apropiada para acercarnos a nuestro Dios en oración sería:
“Señor, tu conoces lo que deseo, pero si no es lo que Tú quieres para mí, dame la sabiduría para soltarlo y aceptar tu voluntad.”
Eso es confianza. No significa dejar de soñar. No significa dejar de trabajar. No significa vivir sin hacer planes. Significa reconocer que nuestro conocimiento es limitado, pero el de Dios no lo es.
Nosotros vemos el día de hoy, Dios ve el camino completo. Nosotros vemos una puerta cerrada, Dios puede estar viendo una protección. Nosotros vemos una demora, Dios puede estar preparando algo mejor para nosotros. Nosotros pensamos que estamos perdiendo una oportunidad, Dios puede estar evitando que entremos en un lugar que no nos conviene.
Y por eso necesitamos aprender a escuchar.
Dios puede hablarnos a través de su Palabra, de una enseñanza, de una persona, de una circunstancia o incluso en un sueño. Pero no todo lo que soñamos, sentimos o escuchamos proviene de Dios. Por eso necesitamos discernimiento y debemos confrontar todo con Su Palabra y buscar su dirección en oración.
Preguntémonos hoy: “Señor, ¿qué Tú quieres que haga?”
Y quizás esa sea una de las preguntas más difíciles que podemos hacerle a Dios, porque implica estar dispuestos a aceptar una respuesta diferente (talvez) de la que esperábamos. Pero a la vez, puede ser una de las decisiones que más paz nos traiga.
Porque cuando colocamos nuestros planes en las manos de Dios, no significa que todo será fácil. José tuvo que enfrentar incertidumbre y María tuvo que enfrentar circunstancias que probablemente nunca había imaginado. Jesús mismo tendría por delante un camino lleno de dolor.
Es por esto que siempre digo, que seguir la dirección de Dios no significa ausencia de dificultades, ni dolor. Significa no caminar solos en medio de ellas.
Por eso, antes de comenzar este día, entreguémosle nuestros proyectos, nuestros sueños, nuestros hijos, nuestro trabajo, nuestra familia, nuestras decisiones, nuestro futuro. Incluso aquello que tanto deseamos y que nos cuesta imaginar de otra manera.
Porque nuestro Padre no solamente quiere encontrarnos cuando estamos perdidos. Quiere caminar con nosotros antes de que tomemos el camino equivocado. Y hoy Dios no te está pidiendo que tengas todas las respuestas, solamente te está diciendo: “Confía en Mí. Escúchame. Déjame guiarte.”
Hoy, antes de decidir, detente, y habla con Dios. No solamente le pidas que bendiga lo que tú has decidido. Pregúntale qué quiere Él.
Y después, como José, aprende a obedecer, aunque todavía no puedas entenderlo todo. Porque hay una paz que llega cuando dejamos de intentar controlar cada detalle de nuestra vida y comenzamos a confiar en las manos de Aquel que conoce nuestro principio, nuestro camino y nuestro final. Deja que Él te muestre el camino.
Oración del día:
Padre, hoy vengo delante de Ti con mis planes, mis sueños, mis preocupaciones y mis proyectos.
Muchas veces he querido decidir por mí mismo lo que creo que es mejor, y solamente he acudido a Ti cuando las cosas no han salido como esperaba.
Perdóname por las veces que he querido que Tú bendigas mis decisiones sin detenerme primero a preguntarte cuál era Tu voluntad.
Enséñame a escucharte.
Dame discernimiento para reconocer Tu voz y sabiduría para no confundir mis deseos con Tu dirección.
Ayúdame a confiar en Ti aun cuando no entienda lo que estás haciendo.
Hoy pongo mis planes en Tus manos. Si algo de lo que deseo no me conviene, ayúdame a soltarlo. Si hay un camino que debo tomar, dame valor para caminarlo. Si debo esperar, dame paciencia. Y si me estoy alejando de Ti, ten misericordia de mí y hazme volver.
Quiero aprender a buscarte antes, no solamente después. Quiero caminar contigo, no solamente pedirte que arregles el camino que yo escogí. Porque Tú eres mi Padre y sabes lo que es mejor para mí.
Hoy no quiero simplemente pedirte que bendigas mis planes.
Quiero entregarte mis planes y permitir que Tú dirijas mi vida.
En el nombre de Jesús.
Amén.
Todavía hay Oloracielo.