martes, 23 de junio de 2026

Lejos de casa, pero nunca lejos de Dios.

 



"Porque yo Jehová soy tu Dios, quien te sostiene de tu mano derecha y te dice: No temas, yo te ayudo" (Isaías 41:13).

Hay decisiones que cambian por completo el rumbo de nuestra vida.

Emigrar es una de ellas.

Quienes hemos tenido que dejar nuestro país sabemos que hacer una maleta es mucho más sencillo que dejar atrás una vida construida durante décadas. Detrás de cada boleto de avión quedan abrazos pendientes, conversaciones que ya no ocurrirán con la misma frecuencia, calles conocidas que cambiarán con el tiempo y que quizás ya no reconocerás cuando regreses, aromas familiares que no encontraras en otro lugar, tradiciones que nos hicieron sentir en casa y personas que ocupan un lugar irremplazable en nuestro corazón.

Cuando la decisión de emigrar llega después de los cuarenta años, el desafío suele ser aún mayor, pues a esta edad ya hemos construido una identidad, una profesión, amistades profundas y una forma muy personal de entender el mundo. De pronto, todo cambia. Hay que aprender nuevas costumbres, un idioma diferente, comprender otra manera de relacionarse e incluso aceptar que aquello que antes hacíamos con facilidad y regularidad, ahora requiere esfuerzo, paciencia y humildad, o que, en el peor de los casos, ya no podremos hacerlo jamás.

Pensé que aprender un nuevo idioma sería el mayor desafío a mi edad. Sin embargo, con el tiempo comprendí que el idioma era solo una pequeña parte del proceso. Lo verdaderamente difícil era volver a empezar.

El duelo que pocos conocen

El psiquiatra español Joseba Achotegui, quien ha dedicado gran parte de su carrera al estudio de la salud mental de las personas migrantes, describe este proceso como el "duelo migratorio". Según él explica, emigrar implica afrontar múltiples pérdidas al mismo tiempo: la familia, los amigos, la lengua, la cultura, el reconocimiento social y muchas veces hasta la imagen que teníamos de nosotros mismos.

Cuando leí sobre este concepto, comprendí que muchas de las emociones que experimentamos quienes emigramos no son señales de debilidad. Son parte de un proceso humano profundamente complejo, y que como creyentes debemos saber que nuestra historia nunca termina en el duelo eterno, porque Dios, en su amor, siempre transforma los desiertos en escuelas.

Aprender otra cultura también es un acto de humildad

Uno de los mayores aprendizajes de la emigración no tiene que ver con memorizar nuevas palabras, más bien tiene que ver con aprender a escuchar mejor, a observar antes de juzgar, aceptar que las personas expresan el cariño de maneras diferentes, que no todos somos iguales, ni aprendimos lo mismo, e incluso dentro de la iglesia.

Recuerdo haber pensado que, al llegar a una nueva congregación, todo sería igual que en mi país. Después de todo, adorábamos al mismo Dios, tenemos la misma fe; pero pronto descubrí que sí, la doctrina era la misma, pero la cultura era distinta, la forma de saludar era diferente, la manera de hacer evangelismo no era la misma, incluso la música (los himnos, las melodías, las palabras, etc.), el sentido de la puntualidad, las expresiones de afecto; y al principio, entender todo esto cuesta, y mucho.

Extrañamos aquello que nos resulta familiar. Pero poco a poco comprendemos que Dios no nos estaba enseñando únicamente un idioma nuevo. También estaba ensanchando nuestro corazón para amar a personas diferentes a nosotros. Descubrí que ese también era un proceso de santificación.

Dios ya había trabajado con inmigrantes

La Biblia está llena de hombres y mujeres que tuvieron que dejar su hogar.

Abraham salió sin conocer el destino al que Dios lo conduciría (Génesis 12:1-4).

José aprendió a vivir en una tierra extranjera, rodeado de una cultura diferente, pero nunca dejó de confiar en el Señor (Génesis 39).

Daniel estudió un nuevo idioma, una nueva administración y nuevas costumbres, sin renunciar jamás a su identidad espiritual (Daniel 1).

Y cuando el pueblo de Israel vivía en el exilio, Dios les dio una instrucción que me conmueve profundamente: les pidió que construyeran casas, que plantaran huertos, que formaran familias y buscaran el bienestar de la ciudad donde ahora vivían (Jeremías 29:4-7).

¡Qué enseñanza tan extraordinaria!, Dios no les dijo que vivieran únicamente mirando hacia atrás. Les enseñó a florecer donde Él los había plantado.

Creo que ese consejo sigue siendo vigente para quienes vivimos lejos de nuestra tierra.

Dios nunca nos llama a un lugar sin darnos también los recursos necesarios para crecer en él.

Las amistades también necesitan tiempo

Quizás una de las mayores tristezas del inmigrante sea descubrir que hacer nuevos amigos no ocurre de la noche a la mañana, por más simpático que seas.

El investigador Jeffrey Hall, de la Universidad de Kansas, encontró que desarrollar una amistad cercana requiere muchas horas de convivencia intencional. Las relaciones profundas no nacen en un solo encuentro; se construyen con tiempo, confianza y presencia (y esto aplica perfectamente para nuestra vida cristiana).

Eso explica por qué muchas veces sentimos soledad aun estando rodeados de personas.

No significa que Dios nos haya abandonado. Significa que las raíces necesitan tiempo para crecer. Y mientras esas raíces se fortalecen, Dios permanece siendo el Amigo que nunca cambia y que nunca te abandona.

Lo que Dios estaba haciendo en mí

Con el paso del tiempo comprendí algo que jamás imaginé cuando hice aquella maleta. Dios no solo estaba cambiando mi dirección. Estaba transformando mi corazón. Me estaba enseñando paciencia cuando quería respuestas rápidas. Humildad cuando debía volver a aprender cosas sencillas. Dependencia cuando ya no podía resolver todo por mis propias fuerzas. Empatía al descubrir que cada persona lleva una historia diferente. Y gratitud por bendiciones que antes daba por sentadas.

Comprendí que Dios no solo estaba permitiendo este proceso; también lo estaba utilizando. Cada pérdida, cada renuncia y cada desafío se convertían en herramientas para moldear un corazón más dependiente de Él. Lo que al principio veía únicamente como una experiencia dolorosa, poco a poco comenzó a revelar un propósito que iba mucho más allá de adaptarme a un nuevo país.

Quizás ese haya sido el verdadero propósito del viaje. No cambiar de país ni de circunstancias, sino cambiarme a mí.

Nuestra verdadera ciudadanía

La Biblia nos recuerda que, aunque vivamos en cualquier lugar del mundo, nuestra verdadera ciudadanía está en los cielos (Filipenses 3:20). Tal vez por eso nunca terminamos de sentirnos completamente "en casa" en esta tierra. Fuimos creados para algo mucho mayor.

Cada cambio, cada despedida, cada adaptación y cada nuevo comienzo nos recuerdan que este mundo es temporal y que un día el Señor nos llevará al hogar definitivo, donde ya no habrá despedidas, barreras culturales ni idiomas que aprender, porque estaremos para siempre en la presencia de nuestro Salvador.

Reflexión final

Si hoy estás viviendo lejos de tu país, quizás extrañas a tu familia, tus amigos, tu iglesia, tu cultura o hasta las pequeñas cosas que antes parecían insignificantes.

Quiero decirte algo con todo mi corazón. Dios no se quedó en el país que dejaste. Él viajó contigo. Ha estado presente en cada aeropuerto, en cada entrevista, en cada palabra que no supiste pronunciar, en cada lágrima silenciosa y en cada noche en la que te preguntaste si algún día volverías a sentirte en casa.

Y mientras tú intentabas adaptarte a una nueva tierra, Él estaba preparando algo mucho más importante: un nuevo corazón. Porque Dios nunca desperdicia nuestros procesos. Los transforma en propósito.

Hoy te invito a caminar hacia ese propósito con fe, siguamos avanzando con la certeza de que, aunque estemos lejos de nuestra tierra, jamás estaremos lejos de nuestro Dios.

Porque todavía hay esperanza.

Porque todavía hay propósito.

Porque todavía hay un Padre que sostiene nuestra mano.

OloraCielo.

Preguntas para meditar

  • ¿Estoy permitiendo que Dios transforme mi carácter a través de los cambios que estoy viviendo?
  • ¿He aprendido a florecer donde Dios me ha plantado o sigo viviendo únicamente mirando hacia el pasado?
  • ¿Confío en que Dios está guiando cada etapa de este nuevo comienzo?
  • ¿Estoy permitiendo que las diferencias culturales amplíen mi capacidad de amar y servir a los demás?

Oración del día

Padre celestial, gracias porque nunca nos abandonas, aun cuando dejamos atrás nuestro hogar y comenzamos de nuevo en un lugar desconocido. Gracias por sostenernos en medio de la incertidumbre, por enseñarnos a depender de Ti y por transformar cada desafío en una oportunidad para crecer. Danos paciencia para aprender, humildad para adaptarnos, sabiduría para comprender a quienes nos rodean y un corazón dispuesto a amar sin importar las diferencias culturales. Ayúdanos a recordar cada día que nuestra verdadera ciudadanía está contigo y que, mientras caminamos por esta tierra, nunca estaremos lejos de tu presencia. En el nombre de Jesús. Amén.

Creditos y fuentes consultadas

  • Achotegui, J. (2022). El síndrome de Ulises: El estrés crónico y múltiple del inmigrante. Barcelona: Herder.
  • Hall, J. A. (2019). How Many Hours Does It Take to Make a Friend? University of Kansas.
  • American Psychological Association. (2023–2024). Publicaciones sobre adaptación, resiliencia y bienestar en personas migrantes.
  • Organisation for Economic Co-operation and Development. Informes sobre integración y bienestar de las personas migrantes.
  • Ellen G. White. La Educación, capítulos 1 y 2; El Ministerio de Curación, capítulo "El verdadero conocimiento de Dios".

martes, 16 de junio de 2026

¿Qué está pasando con nuestro mundo? Una mirada desde la justicia de Dios

 


Cada día parece traer consigo una nueva noticia que nos deja perplejos. Escándalos de corrupción, actos de violencia, conflictos sociales, intolerancia, desigualdades, indiferencia ante el sufrimiento ajeno y una creciente sensación de frustración colectiva, que ya forman parte de las conversaciones cotidianas.

Muchos ciudadanos sienten que no son escuchados. Otros perciben que la justicia avanza lentamente o que no siempre alcanza a todos por igual. Las redes sociales, que en teoría deberían acercarnos, con frecuencia se convierten en espacios de confrontación donde la empatía parece escasear y las diferencias se transforman en motivo de división.

Ante este panorama surge una pregunta inevitable: ¿Qué está pasando con nuestro mundo?; Como cristianos, no somos ajenos a estas inquietudes. También observamos la realidad, sufrimos sus consecuencias y anhelamos una sociedad más justa. Sin embargo, la Palabra de Dios nos invita a mirar más allá de los acontecimientos inmediatos para comprender que nada de esto ha tomado al Señor por sorpresa.

Cuando la Biblia parece describir nuestros días

Al observar lo que ocurre a nuestro alrededor, resulta inevitable preguntarnos qué está pasando con nuestra sociedad. La intolerancia parece crecer, la desesperación se hace evidente en muchas conversaciones y la confianza entre las personas se debilita cada vez más. Sin embargo, quienes estudiamos las Escrituras sabemos que nada de esto debería sorprendernos.

Hace siglos, los profetas ya advertían que una sociedad se aleja de Dios cuando deja de practicar la justicia, la misericordia y la compasión. Amós denunció a quienes ignoraban el sufrimiento de los más vulnerables (Amós 5:24), mientras que Miqueas recordó que el deseo de Dios siempre ha sido que vivamos haciendo justicia, amando la misericordia y caminando humildemente delante de Él (Miqueas 6:8).

Quizás por eso el problema de nuestro tiempo no sea únicamente político, económico o social. Tal vez estamos contemplando los síntomas de una crisis mucho más profunda: una crisis espiritual, de una sociedad que pierde la confianza en si misma y en todo lo demás.

A todo esto, debo añadir, con el fin de corroborar el párrafo anterior, que diversas investigaciones recientes han encontrado que la confianza interpersonal y el apoyo social continúan siendo factores fundamentales para el bienestar humano. El World Happiness Report 2024 señala que las personas que perciben apoyo, solidaridad y relaciones significativas experimentan mayores niveles de bienestar que aquellas que viven aisladas o desconectadas de su comunidad.

Esto nos debe llevar a reflexionar sobre algo importante, cuando una sociedad deja de escuchar, deja de servir y deja de preocuparse por los demás, inevitablemente comienza a fragmentarse. Y es por esto por lo que hoy vemos tanta frustración, tanta división y tanta desesperanza.

Otras investigaciones publicadas recientemente, como por ejemplo la de Scientific Reports, también sugieren que durante períodos de crisis puede disminuir la confianza hacia las instituciones, aumentando el descontento social y la sensación de incertidumbre, una realidad que parece reflejarse en numerosos contextos sociales contemporáneos.

Lo bueno de todo esto es que, aun en medio de este panorama, Dios continúa llamándonos a ser diferentes.

Cuando Pablo escribió a Timoteo acerca de los postreros días, describió una humanidad cada vez más centrada en sí misma, menos agradecida, menos compasiva y más distante de los principios de Dios (2 Timoteo 3:1-5). Al leer esas palabras hoy, pareciera que estuviera describiendo muchas de las actitudes que observamos diariamente. Pero el propósito de estas advertencias nunca fue producir miedo.

Jesús habló de guerras, conflictos y angustia entre las naciones. Sin embargo, también enseñó que cuando estas cosas comenzaran a suceder, sus seguidores debían levantar la cabeza y mirar con esperanza, porque la redención estaría más cerca (Lucas 21:25-28; Mateo 24:6-8).

La profecía bíblica no fue dada para generar ansiedad, sino para fortalecer nuestra confianza en que Dios continúa teniendo el control de la historia, recordándonos que la justicia humana es limitada; la justicia de Dios es perfecta; aunque todos anhelamos vivir en una sociedad donde la justicia funcione correctamente, donde las instituciones sean transparentes, que haya igualdad ante la aplicación de la ley, que los más vulnerables sean protegidos, entre otras cosas (y claro que esos deseos son legítimos), la Biblia nos enseña que ninguna estructura humana podrá erradicar completamente la injusticia mientras el pecado continúe gobernando el corazón del ser humano.

Es por esto que nuestra esperanza definitiva no puede ni debe estar en un sistema político, en un gobierno o en una ideología. Nuestra esperanza está en Cristo.

Isaías anunció un tiempo futuro en el que la violencia, la injusticia y el sufrimiento dejarán de formar parte de la experiencia humana (Isaías 11:6-9). Un reino donde la paz y la justicia serán una realidad permanente bajo el gobierno de Dios. Y tenga por seguro que ese día llegará. Un día la justicia no será parcial, donde la corrupción desaparecerá, donde el sufrimiento terminará y donde Dios enjugará toda lágrima de los ojos de sus hijos (Apocalipsis 21:4).

La esperanza sigue siendo posible

El filósofo y ético cristiano Brian Stiltner ha señalado que la esperanza cristiana no debe entenderse solamente como una virtud individual, sino también como una fuerza capaz de reconstruir relaciones y fortalecer comunidades en tiempos de incertidumbre. Y esa esperanza de la que habla Brian Stiltner encuentra un eco profundo en las palabras de Pablo cuando presenta a Dios como el "Dios de esperanza" (Romanos 15:13).

Qué interesante resulta observar cómo esta idea armoniza con las enseñanzas bíblicas; y por supuesto que la esperanza no consiste en negar la realidad, consiste en saber que la realidad no tiene la última palabra, sino que Cristo la tiene.

Por eso, aunque observemos injusticias, conflictos y dificultades, seguimos creyendo que Dios continúa obrando, llamando personas al arrepentimiento y preparando el glorioso día en que establecerá plenamente su reino de justicia y paz.

A estas alturas te estarás preguntando ¿Qué debemos hacer mientras tanto?, la respuesta basada en la biblia no es la indiferencia, tampoco es la desesperación, y mucho menos el miedo; Dios nos llama a ser instrumentos de justicia, misericordia y reconciliación desde donde vivimos y con todos los recursos que Dios ha colocado en nuestras manos.

Podemos escuchar con respeto cuando otros piensan diferente, podemos actuar con integridad aun cuando la corrupción parezca normal, podemos extender misericordia cuando el mundo responde con agresividad, podemos ser luz en medio de la oscuridad y, sobre todo, podemos anunciar la esperanza que encontramos en Jesucristo.

Porque, aunque el mundo parezca cada vez más confundido, Dios sigue teniendo el control de todo, y aun de nuestra historia hoy, solo debemos de creerle a Él.

El llamado de hoy es a no preguntarnos solamente ¿Qué está pasando con nuestro mundo?, la pregunta hoy es ¿Dónde está puesta nuestra esperanza?; porque definitivamente si nuestra confianza depende únicamente de las circunstancias, viviremos eternamente frustrados. Si depende de los hombres, tarde o temprano seremos decepcionados. Pero si está cimentada en Cristo, podremos mantener la paz aun en medio de la incertidumbre.

La Biblia nos advirtió que estos tiempos llegarían, y también nos aseguró que Dios permanece y permanecerá fiel a su Palabra. Por eso, más que mirar el futuro con temor, estamos llamados a prepararnos espiritualmente, fortalecer nuestra fe y acercarnos cada día más al Señor.

Porque mientras muchos ven señales de desesperanza, los creyentes vemos señales de que las promesas de Dios continúan avanzando hacia su glorioso cumplimiento (Lucas 21:28), y esa, mi amigo/a, es una razón suficiente para seguir caminando por fe.

Porque todavía hay esperanza.

Porque todavía hay misericordia.

Porque todavía hay un Salvador que viene pronto.

Y porque todavía hay Olor a Cielo.

Preguntas para meditar

  • ¿Estoy permitiendo que la frustración de este mundo robe mi paz y esperanza?
  • ¿Estoy reflejando la justicia y la misericordia de Dios en mis acciones diarias?
  • ¿Dónde está realmente puesta mi confianza?
  • ¿Estoy preparándome espiritualmente para el encuentro con Cristo?

Oremos juntos

Padre celestial, estamos conscientes de que vivimos en tiempos de incertidumbre y que muchas veces nuestro corazón se inquieta al ver lo que ocurre a nuestro alrededor. Ayúdanos a no perder la fe ni la esperanza. Enséñanos a vivir con justicia, misericordia y humildad delante de Ti. Danos discernimiento para comprender los tiempos que vivimos y fortaleza para permanecer firmes en tus promesas. Que nuestras vidas reflejen tu amor en medio de un mundo necesitado. Y mientras esperamos el glorioso regreso de Jesucristo, ayúdanos a caminar con fidelidad, confianza y esperanza. En el nombre de Jesús. Amén.

 

Autora: Elisa Pimentel
Blog:
Oloracielo.blogspot.com

YouTube: https://www.youtube.com/@oloracielord

Créditos y fuentes consultadas

Helliwell, J. F., Layard, R., Sachs, J. D., De Neve, J.-E., Aknin, L. B., & Wang, S. (2024). World Happiness Report 2024.

Aassve, A., Capezzone, T., Cavalli, N., et al. (2024). Social and political trust diverge during a crisis. Scientific Reports.

Stiltner, B. (2024). Hope in Community: Recovering the Most Elusive Social Virtue in American Church Practice. Journal of the Society of Christian Ethics.

Santa Biblia, Reina-Valera 1960.

 


viernes, 12 de junio de 2026

Nuestra esperanza en Cristo, en tiempos de incertidumbre.

 




Basta con encender la televisión, abrir las redes sociales o leer los titulares de cualquier periódico para percibir que vivimos tiempos difíciles. Guerras, desastres naturales, crisis económicas, violencia, incertidumbre social y una creciente sensación de ansiedad parecen formar parte de la vida cotidiana de millones de personas alrededor del mundo.

Ante este panorama, muchas personas (angustiadas) se preguntan: ¿qué nos depara el futuro? ¿Hay razones para tener esperanza?

Como cristianos, no ignoramos la realidad. Tampoco vivimos desconectados de lo que ocurre en el mundo. Sin embargo, nuestra esperanza no depende de las circunstancias ni de las noticias del día. Nuestra esperanza tiene un nombre: Jesucristo.

Para todos los que buscan respuestas a estas interrogantes, ya la Biblia nos advierte que antes del regreso de Cristo la humanidad experimentaría tiempos complejos. Jesús mismo habló de guerras, rumores de guerras, pestes, terremotos y señales que causarían temor entre las naciones (Mateo 24).

Sin embargo, muchas veces olvidamos algo importante: las profecías bíblicas no fueron dadas para infundir miedo, sino para fortalecer nuestra confianza en Dios. Consideremos que cada advertencia de las Escrituras viene acompañada de una promesa.

Dios nunca nos revela el futuro para paralizarnos; nos lo revela para prepararnos y recordarnos que Él sigue gobernando sobre la historia.

La esperanza no es una ilusión, descansa en las promesas de un Dios que ha demostrado ser fiel a lo largo de las generaciones. Aunque algunas personas consideran la esperanza como un simple deseo optimista, no lo es, la esperanza bíblica es mucho más que eso, es entender que Aquel que creo los cielos y la tierra, el mundo y lo que en el existe, nos sostiene con su brazo poderoso, así como lo declara Jeremias 29:11, ¿no son estas las mejores palabras de aliento y esperanza que cualquier ser humano podría escuchar?

Por lo que Dios no desea la destrucción del ser humano, sino que, desde el principio, su anhelo ha sido que disfrutemos de una vida abundante, una relación cercana con Él y la esperanza de una eternidad en su presencia. ¡¡Aleluya!!

Y como si esto no fuera suficiente, resulta interesante observar que la investigación científica moderna ha llegado a conclusiones que reflejan lo que hemos estado conversando en este artículo, que concuerdan con los principios que la Biblia ha enseñado durante siglos.

En este sentido diversos estudios han encontrado que la esperanza favorece la resiliencia, mejora la capacidad para enfrentar situaciones difíciles y se relaciona con mayores niveles de bienestar emocional. Investigaciones recientes también muestran que las personas que mantienen una perspectiva esperanzadora suelen afrontar mejor las crisis y recuperarse con mayor eficacia de las adversidades (Gallagher & Long, 2023).

Asimismo, revisiones científicas sobre espiritualidad y salud mental sugieren que la fe puede convertirse en un factor protector frente a la ansiedad, el estrés y la desesperanza (Aggarwal et al., 2023); por lo que podemos concluir diciendo que la ciencia describe sus beneficios, pero la Biblia nos revela su fuente.

A pesar de todas las malas noticias y los mensajes de desesperanza que escuchamos a diario, Dios continúa llamándonos a confiar en El, sin ansiedad, sin angustia, sin duda; A veces nos enfocamos tanto en las señales de los tiempos que olvidamos contemplar el corazón de Dios.

Las Escrituras muestran repetidamente a un Padre amoroso que busca rescatar, restaurar y salvar. Pedro escribió: "El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento" (2 Pedro 3:9), esta lectura sin duda es un rayo de esperanza que nos invita a preparar nuestros corazones para el encuentro con nuestro Dios; Cada día que pasa es una nueva oportunidad para acercarnos a Él. Cada amanecer es una manifestación de su misericordia. Cada promesa cumplida en el pasado nos recuerda que también cumplirá las que aún están por venir. ¡¡Gloria a Dios!!

Quizás hoy estés atravesando una situación difícil. Tal vez las noticias te generan preocupación, las circunstancias familiares te agobian o el futuro parece incierto. Si es así, recuerda que la esperanza cristiana no consiste en negar las dificultades, sino en caminar a través de ellas de la mano de Cristo.

Jesús nunca prometió una vida libre de problemas, pero sí prometió su presencia en cada una de las situaciones. Y cuando Dios está presente, incluso en medio de la tormenta podemos encontrar paz, como escribió el salmista en Salmos 46:1 "Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones". 

Reflexión final

El mundo cambia constantemente.

Las naciones se levantan y caen.

Las circunstancias son inciertas.

Pero Cristo permanece para siempre.

Nuestra esperanza no debe estar puesta en los gobiernos, en la economía o en la estabilidad de este mundo, nuestra esperanza debe estar en Aquel que venció la muerte, que prometió regresar y que un día hará nuevas todas las cosas. Y mientras ese día llega, debemos vivar con fe, sirvamos con amor y caminemos con esperanza; Porque el futuro de los hijos de Dios no está definido por las noticias del presente, sino por las promesas eternas de nuestro Señor. La invitación de hoy es que cimentemos nuestra fe y nuestra esperanza en Aquel que nos creó, recuerda que todavía hay Oloracielo.

Preguntas para meditar

  • ¿Dónde, en qué o quién está cimentada mi esperanza?
  • ¿Permito que las noticias determinen mi paz interior o confío en las promesas de Dios?
  • ¿Cómo puedo transmitir esperanza a quienes me rodean en medio de tanta incertidumbre?

Oración del día

Padre celestial, gracias porque en medio de un mundo cambiante Tú permaneces fiel. Ayúdanos a mantener nuestra mirada puesta en Cristo y no en las circunstancias. Cuando el miedo quiera ocupar nuestro corazón, recuérdanos tus promesas. Fortalece nuestra fe, renueva nuestra esperanza y ayúdanos a ser instrumentos de consuelo para quienes atraviesan momentos difíciles. Gracias porque sabemos que nuestra historia está segura en tus manos. En el nombre de Jesús. Amén.

Autora: Elisa Pimentel
Blog:
Oloracielo.blogspot.com

https://www.youtube.com/@oloracielord

Créditos y fuentes consultadas

Aggarwal, S., Grover, S., Chakrabarti, S., et al. (2023). Religiosity and Spirituality in the Prevention and Management of Depression and Anxiety in Young People. BMC Psychiatry, 23.

De Stefano, J., et al. (2025). Hope as a Therapeutic Resource: Systematic Evidence of its Impact on Mental, Physical, and Spiritual Health.

Gallagher, M. W., & Long, L. J. (2023). Hope and Well-Being. Current Opinion in Psychology.

Santa Biblia. Reina-Valera 1960.

martes, 9 de junio de 2026

Cuando las amistades moldean el destino: una reflexión sobre las malas compañías y nuestros adolescentes.

 


Vivimos en una época en la que nuestros adolescentes están expuestos a múltiples influencias. Las redes sociales, la cultura digital y el deseo natural de pertenecer a un grupo hacen que las amistades ocupen un lugar cada vez más importante en sus vidas. Como padres, educadores y creyentes, solemos preocuparnos por las decisiones que toman nuestros jóvenes, sin embargo, detrás de muchas de esas decisiones existe una realidad que la Biblia señaló hace siglos, advirtiéndonos sobre algo tan sencillo como que las compañías tienen el poder de moldear el carácter.

El apóstol Pablo escribió una advertencia que sigue siendo sorprendentemente actual: "No erréis; las malas conversaciones corrompen las buenas costumbres" (1 Corintios 15:33), y aunque el contexto original se relacionaba con falsas enseñanzas que estaban afectando a la iglesia de Corinto, el principio sigue siendo válido: aquello que escuchamos constantemente y las personas con quienes compartimos de manera habitual terminan influyendo en nuestra forma de pensar y actuar.

Resulta interesante observar que lo que la Palabra de Dios ha enseñado durante siglos hoy también encuentra respaldo en diversas investigaciones científicas sobre el comportamiento humano, ya que la ciencia moderna ha llegado a conclusiones similares con investigaciones recientes sobre el desarrollo adolescente, esos resultados muestran que los jóvenes son especialmente sensibles a la influencia de sus pares durante el proceso de construcción de su identidad y toma de decisiones (Allen, 2024). Esta influencia puede afectar aspectos relacionados con el rendimiento académico, la autoestima y la adopción de conductas de riesgo.

Un metaanálisis reciente sobre influencia de pares encontró evidencia consistente de que los comportamientos de los amigos pueden influir significativamente en las decisiones de nuestros adolescentes. Asimismo, investigaciones publicadas en revistas especializadas señalan que la influencia de los compañeros puede favorecer tanto conductas saludables como conductas de riesgo, dependiendo de los valores predominantes dentro del grupo. (Allen, 2024; Meehan et al., 2024).

Esto debe llevarnos a una reflexión profunda, entendiendo que las malas compañías rara vez aparecen de forma evidente; no llegan anunciando “peligro”, sino disfrazadas de aceptación, diversión o popularidad. Poco a poco van normalizando comportamientos que antes parecían incorrectos, pero que ahora se han vuelto tendencia y llegan poco a poco a normalizar lo que antes parecían incorrecto y tristemente terminan siendo parte de nuestra vida cotidiana. Lo preocupante es que el cambio, muchas veces, suele ser imperceptible y gradual; por lo que el adolescente puede no percibirlo.

Interesantemente la Biblia ofrece numerosos ejemplos de este fenómeno, por ejemplo, Salomón advirtió: "El que anda con sabios, sabio será; más el que se junta con necios será quebrantado" (Proverbios 13:20). Observemos que el texto no dice que la persona adopta inmediatamente la conducta de sus amigos. Habla de un proceso. Caminar con sabios conduce a la sabiduría. Caminar con necios conduce (inevitablemente) al deterioro tanto físico como espiritual. La dirección de nuestras relaciones termina convirtiéndose en la dirección de nuestra vida.

Sin embargo, este mensaje no debe interpretarse como una invitación al aislamiento, ni tampoco un llamado a no utilizar los medios ni herramientas digitales que actualmente tenemos. Por el contrario, creo en el buen uso, ético y responsable de todos estos instrumentos que pueden llegar a ser de mucha bendición para miles de personas.

Adicional a todo esto, existen también estudios recientes que muestran que las amistades saludables son fundamentales para el bienestar emocional del ser humano, el desarrollo social y la autoestima. Avalando con esto que el objetivo de este mensaje no es alejarlos de toda relación, sino ayudarlos a construir vínculos que fortalezcan sus valores y su propósito, así como a aprender a administrar los recursos que tenemos a nuestra disposición.

Como familias cristianas y adultos responsables, tenemos la responsabilidad de enseñar a nuestros jóvenes a discernir, a elegir “bien” y a ser responsables de sus acciones. No basta con decirles qué amistades evitar; necesitamos hoy más que nunca ayudarles a identificar qué características hacen valiosa una amistad, como por ejemplo el respeto, la honestidad, la responsabilidad, la empatía y, sobre todo, el temor de Dios.

Los adolescentes necesitan comprender y ser conscientes de que las personas que deben influir en ellos no son necesariamente (o no deberían ser) quienes hablan más fuerte, ni los que tienen más like’s en las redes sociales sino aquellas con quienes pasan más tiempo (por eso necesitamos tiempo de calidad con ellos). Por eso resulta tan importante cultivar espacios donde puedan relacionarse con modelos positivos: familiares comprometidos, inspiradores, líderes cristianos con fundamentos y principios solidos en Dios, mentores y amigos que les inspiren a crecer en todas las áreas de sus vidas.

Preguntas para meditar:

Quizás la pregunta no sea solamente: "¿Quiénes son sus amigos?", sino también: "¿Quién o qué está formando su carácter?". Porque, al final, las compañías no solo acompañan en el camino, muchas veces ayudan a determinar el destino.

Oración del día:

Señor mi Dios, te entrego mis debilidades y mis capacidades para que las moldees con tu sabiduría, misericordia y amor, y me permitas poder instruir (a mis hijos y a todo niño o adolescente que se acerque a mi) en tus caminos; ayúdame a orientarlos de tal manera que puedan proteger su mente, carácter y comportamiento. Nuestra sociedad necesita adultos saludables y responsables, no solo físicamente, sino también espiritualmente; ayúdanos a contribuir con tu causa. En el nombre de Jesucristo. Amen.

 

Autora: Elisa Pimentel
Blog:
Oloracielo.blogspot.com

YouTube: https://www.youtube.com/@oloracielord

créditos y fuentes consultadas

Santa Biblia. (1960). Reina-Valera 1960.

Allen, J. P. (2024). Rethinking Peer Influence and Risk Taking. Development and Psychopathology.

Meehan, Z. M., et al. (2024). Susceptibility to peer influence in adolescents: Associations between psychophysiology and behavior. Development and Psychopathology.

 


lunes, 1 de junio de 2026

La envidia — la emoción silenciosa que enferma el alma.

 



“Porque donde hay envidia y ambición personal, allí hay confusión y toda obra perversa.” (Santiago 3:16)

La envidia es una de esas emociones que se esconden en lo profundo del corazón. No siempre se expresa con palabras; a veces aparece como una incomodidad silenciosa, no sabes lo que es, pero hay un nudo en el pecho cuando otro prospera, o una sombra que empaña la gratitud. La Real Academia Española la define como “tristeza o pesar del bien ajeno” y también como “deseo de algo que no se posee”.
Me atrevo a decir entonces que, la envidia nace cuando dejamos de mirar lo que Dios nos ha dado y comenzamos a mirar lo que otros tienen.

El autor de Eclesiastés nos describe esos efectos que trae consigo tan indeseable visitante (la envidia) con una claridad sorprendente, dice: “He visto que todo trabajo y toda excelencia de obras despierta la envidia del hombre contra su prójimo.” (Eclesiastés 4:4); esto sugiere que ya está emoción, sus causas y sus efectos, se habían estudiado muchos años atrás.

Si, es una emoción antigua, pero hoy la ciencia confirma lo que la Palabra ya advertía. Investigaciones recientes, como los publicados por la American Psychological Association (APA, 2023), muestran que la envidia sostenida activa las mismas áreas cerebrales relacionadas con el dolor físico. Por lo que el cuerpo interpreta la comparación como una amenaza, liberando cortisol, lo que provocas con:

ü  Insomnio

ü  Ansiedad

ü  Tensión muscular

ü  Inflamación

ü  Agotamiento emocional

ü  Debilitamiento del sistema inmune

ü  La salud cardiovascular

ü  La digestión

ü  La presión arterial

ü  La calidad del sueño

 

El cuerpo definitivamente refleja lo que el alma calla. Por eso Pablo atribuye a la envidia, la destrucción de la vida espiritual, asegurando que los que practican tales cosas, no heredaran el reino de Dios (Gálatas 5:21); Amigos queridos, la envidia no es pequeña, ni es inofensiva, es sumamente corrosiva.

Un estudio de la Universidad de Misuri (2018) reveló un dato muy curioso e interesante, dice que el uso frecuente de redes sociales incrementa significativamente los niveles de envidia y, con ello, síntomas depresivos. Ya que nos lleva a compararnos constantemente y esto no solo roba la paz, sino que también enferma el cuerpo y distorsiona la mente.

Pero la envidia no solo nos daña por dentro. También provoca daños colaterales que afectan nuestras relaciones, decisiones y hasta nuestra identidad. (Lee Santiago 3:16)

La envidia abre la puerta a conflictos, resentimientos, críticas destructivas y rupturas emocionales. Indirectamente, puede llevar a la persona a aislarse, perder la alegría, desconfiar de los demás y desconectarse de Dios. Es un enemigo silencioso que roba la gratitud, apaga la empatía y distorsiona la percepción de uno mismo.

Pero aquí está la idea central del tema, lo que debe darnos esperanza cada día: “la envidia no es un destino, es una herida que Dios puede sanar”, la Biblia nos invita hoy a dejar atrás todo aquello que contamina el corazón: “Desechando toda malicia, todo engaño, hipocresía, envidias y todas las detracciones.” 1 Pedro 2:1; y a proseguir construyendo una relación estrecha con nuestro Dios.

La envidia también se puede describir como esa fuerza que desordena la vida interior y contamina el ambiente alrededor. Es una herida espiritual que distorsiona la identidad y apaga la paz. Aquí te comparto algunos principios a considerar para identificar y sanar ese terrible mal.

1. Conocer el propósito de Dios en nuestras vidas, y no apartarnos de él.

“Andemos decentemente… no en contiendas y envidia.” (Romanos 13:13);

“Desechando… las envidias y todas las detracciones.” (1 Pedro 2:1)

2. Ser sosegados a la luz de la Santa Palabra de Dios

 “El corazón apacible es vida… pero la envidia seca los huesos.” (Proverbios 14:30)

3. Reconocer nuestras imperfecciones y la perfección de Dios en nuestras vidas

“Porque aún sois carnales; pues habiendo entre vosotros celos, contiendas y disensiones…” (1 Corintios 3:3)

¿Cómo empiezo?

a) Reconociéndola sin vergüenza

La sanidad comienza con la verdad.

b) Practicando la gratitud

La gratitud desarma la comparación.
Cuando agradeces, tu alma recuerda que ya es bendecida.

c) Celebrando a otros

Cada vez que celebras el éxito ajeno, tu corazón se expande.

d) Confiando en el tiempo de Dios

Entendiendo y reconociendo que nadie que camina con Dios está atrasado.

e) Volviendo a tu identidad en Dios

Tu historia no compite con la de nadie, tu propósito ni tu proceso se parece al de nadie.

Mi deseo es que seas prosperado, como dice 3 Juan 2. Recuerda que Dios está con nosotros como poderoso Gigante y que en El podemos confiar, pues no es hombre para mentir, ni hijo de hombre para que se arrepienta. Dios te bendiga, recuerda que todavía hay Oloracielo.

 

Preguntas para reflexionar

  • ¿Qué siento cuando alguien prospera en un área donde yo deseo avanzar?
  • ¿Qué mentira sobre mí misma estoy creyendo cuando la envidia aparece?
  • ¿Cuáles bendiciones he dejado de ver por mirar demasiado a otros?
  • ¿Qué puedo agradecer hoy que antes daba por sentado?

Oración del día:

Señor, muéstrame las áreas de mi corazón donde la envidia ha echado raíces.
Sana mis heridas de comparación, de inseguridad y/o miedo. Enséñame a celebrar a otros sin sentirme menos. Recuérdame que tu plan para mí es único y perfecto. Lléname de gratitud, de amor y de paz. En el nombre de Jesucristo Amén.

Autora: Elisa Pimentel
Blog: Oloracielo.blogspot.com

YouTube: https://www.youtube.com/@oloracielord

Créditos y fuentes consultadas

·         Santa Biblia. (1960). Reina-Valera 1960.

·         American Psychological Association. (2023). Emotions and health: The link between envy and stress responses. APA Press.

·         University of Missouri. (2018). Social media use and envy: Effects on mental health and depression. Journal of Cyberpsychology and Behavior, 21(4), 233–240.

·         Lazarus, R. S., & Folkman, S. (1984). Stress, appraisal, and coping. Springer Publishing.

·         Goleman, D. (1995). Emotional Intelligence: Why It Can Matter More Than IQ. Bantam Books.


sábado, 23 de mayo de 2026

“Jóvenes en un mundo de oscuridad… pero llamados a la luz”

 



En los últimos años, los noticieros del mundo han encendido una alarma que no podemos ignorar: la criminalidad juvenil está creciendo y muchos adolescentes están siendo arrastrados por la violencia, la manipulación digital y los contenidos en los medios de comunicación que normalizan el mal. Informes oficiales de países como España, Argentina, Uruguay, Chile, México y organismos internacionales como UNICEF muestran un aumento preocupante en homicidios, reclutamiento criminal, delitos sexuales y robos cometidos por menores, muchos de ellos influenciados por redes sociales, videojuegos y narrativas que glorifican la violencia, etc.

Esta realidad ya había sido predicha con anterioridad en la Biblia; Esta confirma que en los últimos tiempos habría confusión, engaño y oscuridad, pero también nos recuerda que, aun en medio de este panorama tan hostil, Dios sigue levantando voces para guiar, advertir y encender la fe y la esperanza en el corazón de nuestros jóvenes. Los siguientes datos son solo una muestra de tan terrible realidad:


País / Región

Rangos de Edad

Tipología del Crimen

Incremento / Datos

Fuente Verificable

España 🇪🇸

Menores de 18

Homicidios, Delitos Sexuales

+18.8% Homicidios (120 casos)

Fiscalía, Memoria 2024

Paraguay 🇵🇾

16-17 años

Robos, Homicidios

1,753 adolescentes Imputados

Corte Sup. Informe 2025

Uruguay 🇺🇾

14-17 años

Hurtos, Rapiñas

1,116 procesos Infraccionales

INE, Reporte 2024

Chile 🇨🇱

Niños y Adolescentes

Homicidios

105% Aumento (2021–2024)

Defensoría, Informe 2024

El Salvador 🇸🇻

12-18 años

Reclutamientos Criminales

Redes Sociales, Videojuegos

Insight Crime, Infobae 2025

México 🇲🇽

Adolescentes

Homicidios, Desapariciones

1,968 homicidios en 1 año

Noticieros 2025

México 🇲🇽

Jóvenes en general

Representación mediática

___

UMES – Vitos, AUAS: Matousas 2025

Elaboración propia.

Nuestra realidad muestra que vivimos en una generación donde los jóvenes están rodeados de un ruido constante, música que no edifica, contenidos que normalizan la violencia, redes que distraen el corazón y voces que apagan la identidad; No es casualidad que la Biblia mencione o advierta, que habría tiempos donde “lo malo sería llamado bueno, y lo bueno, malo” (Isaías 5:20). Y hoy, más que nunca, esa confusión se ha vuelto parte del ambiente que respiran nuestros jóvenes.

Muchos autores han levantado su voz sobre este peligro. El psicólogo Jean Twenge, en su obra iGen (2017), muestra cómo la sobreexposición digital está asociada a mayores niveles de ansiedad, depresión y aislamiento en adolescentes. Por otro lado, el escritor cristiano John Piper advierte que “la batalla por la mente es la batalla por la vida espiritual” (Desiring God, 2003). Ambos, desde perspectivas distintas, coinciden en una verdad: lo que consumimos moldea lo que somos.

La Biblia nos recomienda lo siguiente: “Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón, porque de él mana la vida” (Proverbios 4:23). Es precisamente porque allí es donde nacen todos los sentimientos y pensamientos de maldad o bondad, que luego, por medio de nuestras acciones, pueden llegar a convertirse en sentimientos de culpa o de satisfacción. Esto es una invitación a cuidar las avenidas del alma, que son las puertas internas por donde entran las influencias que moldean el carácter (vista, oído, los pensamientos, la imaginación, los afectos y deseos, etc.), porque ellas transmiten todas estas informaciones hasta nuestras mentes y corazones, que son las mismas que convertimos en acciones.

Y Elena G. White lo reafirma, en una de sus obras dice: “La mente se moldea por aquello que contempla” (La Educación, 1903), lo que armoniza perfectamente con lo dicho anteriormente. Y esto no se trata solo de música, series o redes con contenido que no edifican, sino que incitan a todas estas malas acciones. Se trata del alma. Se trata de un enemigo que sabe que, si captura la atención de un joven, puede desviar su propósito, su identidad, su futuro y en el plano cristiano hasta su salvación.

Pero aquí está la buena noticia: Dios no abandona a sus hijos en medio del ruido.
Él sigue llamando, sigue tocando puertas, sigue despertando corazones. Jesús dijo:
“Mis ovejas oyen mi voz… y me siguen” (Juan 10:27). Aun en medio de tantas voces, Su voz sigue siendo más fuerte para quien la busca, si lo busca de todo corazón.

A los jóvenes que sienten confusión, presión, tentación o cansancio, Cristo les dice hoy:
“Nadie te arrebatará de mi mano” (Juan 10:28). Y el salmista nos recuerda que aun cuando el mundo ofrece sombras, “en tu luz veremos la luz” (Salmo 36:9).

Dios no llama a los jóvenes a vivir con miedo, sino con propósito. No los llama a huir del mundo, sino a caminar en él con discernimiento, valentía y esperanza. No los llama a ser perfectos (bajo los términos de este mundo), sino a ser sensibles a Su voz.

Porque aún en medio del ruido…Dios sigue hablando hoy; Dios sigue guiando hoy; Dios sigue despertando hoy. Y para cada joven que hoy se siente perdido, distraído o atrapado por lo que consume, Cristo tiene un mensaje claro que darle: “Yo hago nuevas todas las cosas” (Apocalipsis 21:5). El llamado es que hagas un alto hoy, y te mires frente al espejo y te preguntes, ¿esto que veo le agrada a Dios?; si no sabes o no estás seguro, te invito a que reflexionemos en las siguientes interrogantes:

Preguntas para reflexionar

  • ¿Qué cosas están alimentando mi mente y mi corazón cada día?
  • ¿Qué voces estoy escuchando más que la voz de Dios?
  • ¿Qué cambios puedo hacer hoy para acercarme más a Cristo y menos al ruido del mundo?

Oración del día:

Señor, mira a cada joven que lucha en silencio. Límpiale los ojos para que vea tu luz, fortalece su mente para que elija lo bueno, y guarda su corazón de todo aquello que quiere apagar su propósito. Que tu voz sea más fuerte que cualquier ruido, y que tu amor sea su refugio seguro. Amén.

Autora: Elisa Pimentel
Blog: Oloracielo.blogspot.com

YouTube: https://www.youtube.com/@oloracielord


Créditos y Fuentes 

Biblia (Reina-Valera 1960). 

Insight Crime (2025); Infobae (2025); Fiscalía de España (2024); Corte Suprema de Paraguay (2025); INE Uruguay (2024); Defensoría de la Niñez Chile (2024); Noticieros México (2025).

Naciones Unidas – OCHA; ACNUR; UNICEF; OMS; Banco Mundial.

Piper, J. (2003). Desiring God: Meditations of a Christian Hedonist. Multnomah Publishers.

Twenge, J. M. (2017). iGen: Why Today’s Super-Connected Kids Are Growing Up Less Rebellious, More Tolerant, Less Happy—and Completely Unprepared for Adulthood. Atria Books.

White, E. G. (1903). La educación. Pacific Press Publishing Association.


jueves, 21 de mayo de 2026

“Lo que la ciencia confirma… y la Biblia ya había anunciado”

 


Vivimos en un tiempo en el que la incertidumbre parece crecer más rápido que las soluciones. Las noticias nos muestran un mundo herido donde la crisis climática, las guerras, las migraciones masivas, la pobreza extrema, son nuestro pan diario, lo que provoca un aumento alarmante de ansiedad y depresión en la sociedad.

La ciencia confirma esta realidad. Estudios recientes muestran que el cambio climático y la inestabilidad global están afectando profundamente la salud mental. Por ejemplo, Corvalan et al. (2022) demostraron que el cambio climático aumenta la angustia emocional y el deterioro del bienestar mental. Una revisión sistemática publicada en Frontiers in Psychiatry (2025) confirmó que los eventos climáticos extremos afectan la salud mental y la resiliencia. Además, la Lancet Psychiatry Commission (2025) advirtió que la incertidumbre global está incrementando la ansiedad y la vulnerabilidad emocional en millones de personas.

Estas conclusiones científicas no contradicen la Biblia; más bien, describen con lenguaje moderno lo que Jesús anunció hace mucho tiempo atrás: “Habrá angustia de las naciones… y los hombres desfallecerán por el temor” (Lucas 21:25–26). La profecía bíblica no es un mensaje de terror, sino un diagnóstico espiritual de un mundo que constantemente se aleja de Dios. Y, sorprendentemente, la ciencia está describiendo los mismos síntomas de los cuales ya se nos había advertido: un planeta cansado, sociedades fragmentadas y corazones ansiosos.

Diversos estudios teológicos, basados en el método historicista, enseñan que las profecías de Daniel y Apocalipsis se cumplen progresivamente a lo largo de la historia. Investigadores cristianos contemporáneos han mostrado cómo los patrones de crisis globales, tensiones geopolíticas y degradación ambiental encajan con el panorama profético descrito en la Biblia. Sin lugar a duda “Toda la naturaleza gime bajo el peso de la transgresión”, por lo que enfrentaríamos un tiempo de prueba espiritual sin precedentes, no para destruirnos, sino con el objetivo de prepararnos para el pronto regreso de Cristo. (Elena G. White, El Ministerio de Curación, cap. 1).

Y aunque la ciencia describe un futuro incierto, la Biblia nos ofrece una certeza inquebrantable: “Cuando estas cosas comiencen a suceder, erguíos y levantad vuestra cabeza, porque vuestra redención está cerca” (Lucas 21:28). No dice “teman”, sino levanten la cabeza; No dice “desesperen”, sino esperen en Cristo.

Mientras el mundo se sacude, Cristo sigue siendo roca firme. Mientras la ciencia advierte sobre crisis climáticas, Él promete un cielo nuevo y una tierra nueva. Mientras los estudios muestran un aumento de ansiedad global, Jesús nos invita a que: “No se turbe vuestro corazón… voy a preparar lugar para vosotros” (Juan 14:1–3).

La profecía no es para asustarnos, sino para anclarnos. No es para vivir en ansiedad, sino para vivir en esperanza. No es para obsesionarnos con el futuro, sino para enamorarnos más de Cristo. Hoy, más que nunca, Dios nos llama a buscarle con fervor, no por miedo a lo que viene, sino por amor a Aquel que ya venció el futuro. Y mientras aguardamos su regreso, podemos levantar la mirada con la certeza de que todavía hay Oloracielo, porque donde Cristo está, siempre hay esperanza, siempre hay vida, siempre hay luz.

Preguntas para reflexión

  • ¿Qué emociones me despierta pensar en el futuro y cómo puedo entregarlas a Cristo?
  • ¿Estoy viviendo cada día con la esperanza del regreso de Jesús?
  • ¿Qué decisiones espirituales necesito fortalecer en este tiempo?

Oración del día 

Señor Jesús, cuando miro el mundo, a veces mi corazón se inquieta. Pero cuando miro tus promesas, encuentro paz. Enséñame a confiar en tu palabra, a vivir con esperanza y no con temor, y a prepararme cada día para tu regreso glorioso. Que tu amor me sostenga y tu Espíritu me guíe. En ti descanso, en ti espero. Amén.

📖 Autora: Elisa Pimentel
📍 Blog: Oloracielo.blogspot.com

X: @Blog_Oloracielo

Redes sociales: Oloracielord

🟥 YouTube: youtube.com/@oloracielordmeditaciones8168


 Referencias

Corvalan, C., Gray, B., Villalobos Prats, E., et al. (2022). Mental health and the global climate crisis. Epidemiology and Psychiatric Sciences, 31, e86.
Disponible en PubMed Central:
https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC9762138/

Enlace oficial (Cambridge University Press):
https://www.cambridge.org/core/journals/epidemiology-and-psychiatric-sciences/article/mental-health-and-the-global-climate-crisis/

White, E. G. (1959). El Ministerio de Curación. Pacific Press Publishing Association. (Cap. 1).

White, E. G. (2006). El ministerio de curación. Asociación Casa Editora Sudamericana.

Rückle, K., Rohrer, M., Mihók, B., et al. (2025). Determinants and relationships of climate change, climate change hazards, mental health, and well-being: a systematic review. Frontiers in Psychiatry, 16, 1601871.
https://www.frontiersin.org/articles/10.3389/fpsyt.2025.1601871/full

https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/40904564/

Corvalan, C., Gray, B., Villalobos Prats, E., et al. (2022). Mental health and the global climate crisis. Cambridge University Press.
https://www.cambridge.org/core/journals/epidemiology-and-psychiatric-sciences/article/mental-health-and-the-global-climate-crisis/

 Xue, S., Massazza, A., Akhter-Khan, S., et al. (2024). Mental health and psychosocial interventions in the context of climate change: a scoping review. npj Mental Health Research, 3(10).
https://www.nature.com/articles/s44184-024-00054-1

Organización Mundial de la Salud (OMS). (2022). Mental health and climate change: Policy Brief.
https://www.who.int/publications/i/item/9789240056080


Lejos de casa, pero nunca lejos de Dios.

  "Porque yo Jehová soy tu Dios, quien te sostiene de tu mano derecha y te dice: No temas, yo te ayudo" (Isaías 41:13). Hay dec...