“Porque donde hay envidia y ambición personal, allí hay
confusión y toda obra perversa.” (Santiago 3:16)
La envidia es una de esas emociones que se esconden en lo
profundo del corazón. No siempre se expresa con palabras; a veces aparece como
una incomodidad silenciosa, no sabes lo que es, pero hay un nudo en el pecho
cuando otro prospera, o una sombra que empaña la gratitud. La Real Academia
Española la define como “tristeza o pesar del bien ajeno” y también como
“deseo de algo que no se posee”.
Me atrevo a decir entonces que, la envidia nace cuando dejamos de mirar lo que
Dios nos ha dado y comenzamos a mirar lo que otros tienen.
El autor de Eclesiastés nos describe esos efectos que trae
consigo tan indeseable visitante (la envidia) con una claridad sorprendente,
dice: “He visto que todo trabajo y toda excelencia de obras despierta la
envidia del hombre contra su prójimo.” (Eclesiastés 4:4); esto sugiere
que ya está emoción, sus causas y sus efectos, se habían estudiado muchos años atrás.
Si, es una emoción antigua, pero hoy la ciencia confirma lo
que la Palabra ya advertía. Investigaciones recientes, como los publicados por la
American Psychological Association (APA, 2023), muestran que la envidia
sostenida activa las mismas áreas cerebrales relacionadas con el dolor físico.
Por lo que el cuerpo interpreta la comparación como una amenaza, liberando cortisol,
lo que provocas con:
ü Insomnio
ü Ansiedad
ü Tensión muscular
ü Inflamación
ü Agotamiento emocional
ü Debilitamiento del sistema inmune
ü La salud cardiovascular
ü La digestión
ü La presión arterial
ü La calidad del sueño
El cuerpo definitivamente refleja lo que el alma calla. Por
eso Pablo atribuye a la envidia, la destrucción de la vida espiritual,
asegurando que los que practican tales cosas, no heredaran el reino de Dios (Gálatas
5:21); Amigos queridos, la envidia no es pequeña, ni es inofensiva, es
sumamente corrosiva.
Un estudio de la Universidad de Misuri (2018) reveló un dato
muy curioso e interesante, dice que el uso frecuente de redes sociales
incrementa significativamente los niveles de envidia y, con ello, síntomas
depresivos. Ya que nos lleva a compararnos constantemente y esto no solo roba
la paz, sino que también enferma el cuerpo y distorsiona la mente.
Pero la envidia no solo nos daña por dentro. También provoca
daños colaterales que afectan nuestras relaciones, decisiones y hasta nuestra
identidad. (Lee Santiago 3:16)
La envidia abre la puerta a conflictos, resentimientos,
críticas destructivas y rupturas emocionales. Indirectamente, puede llevar a la
persona a aislarse, perder la alegría, desconfiar de los demás y desconectarse
de Dios. Es un enemigo silencioso que roba la gratitud, apaga la empatía y
distorsiona la percepción de uno mismo.
Pero aquí está la idea central del tema, lo que debe darnos esperanza
cada día: “la envidia no es un destino, es una herida que Dios puede sanar”, la
Biblia nos invita hoy a dejar atrás todo aquello que contamina el corazón: “Desechando
toda malicia, todo engaño, hipocresía, envidias y todas las detracciones.” 1
Pedro 2:1; y a proseguir construyendo una relación estrecha con nuestro Dios.
La envidia también se puede describir como esa fuerza que
desordena la vida interior y contamina el ambiente alrededor. Es una herida
espiritual que distorsiona la identidad y apaga la paz. Aquí te comparto
algunos principios a considerar para identificar y sanar ese terrible mal.
1. Conocer el propósito de Dios en nuestras vidas, y no
apartarnos de él.
“Andemos decentemente… no en contiendas y envidia.” (Romanos
13:13);
“Desechando… las envidias y todas las detracciones.” (1
Pedro 2:1)
2. Ser sosegados a la luz de la Santa Palabra de Dios
“El corazón apacible
es vida… pero la envidia seca los huesos.” (Proverbios 14:30)
3. Reconocer nuestras imperfecciones y la perfección de
Dios en nuestras vidas
“Porque aún sois carnales; pues habiendo entre vosotros
celos, contiendas y disensiones…” (1 Corintios 3:3)
¿Cómo empiezo?
a) Reconociéndola sin vergüenza
La sanidad comienza con la verdad.
b) Practicando la gratitud
La gratitud desarma la comparación.
Cuando agradeces, tu alma recuerda que ya es bendecida.
c) Celebrando a otros
Cada vez que celebras el éxito ajeno, tu corazón se expande.
d) Confiando en el tiempo de Dios
Entendiendo y reconociendo que nadie que camina con Dios
está atrasado.
e) Volviendo a tu identidad en Dios
Tu historia no compite con la de nadie, tu propósito ni tu
proceso se parece al de nadie.
Mi deseo es que seas prosperado, como dice 3 Juan 2.
Recuerda que Dios está con nosotros como poderoso Gigante y que en El podemos
confiar, pues no es hombre para mentir, ni hijo de hombre para que se
arrepienta. Dios te bendiga, recuerda que todavía hay Oloracielo.
Preguntas para reflexionar
- ¿Qué
siento cuando alguien prospera en un área donde yo deseo avanzar?
- ¿Qué
mentira sobre mí misma estoy creyendo cuando la envidia aparece?
- ¿Cuáles
bendiciones he dejado de ver por mirar demasiado a otros?
- ¿Qué
puedo agradecer hoy que antes daba por sentado?
Oración del día:
Señor, muéstrame las áreas de mi corazón donde la envidia ha
echado raíces.
Sana mis heridas de comparación, de inseguridad y/o miedo. Enséñame a celebrar
a otros sin sentirme menos. Recuérdame que tu plan para mí es único y perfecto.
Lléname de gratitud, de amor y de paz. En el nombre de Jesucristo Amén.
Autora: Elisa Pimentel
Blog: Oloracielo.blogspot.com
YouTube: https://www.youtube.com/@oloracielord
Créditos y fuentes consultadas
·
Santa Biblia. (1960). Reina-Valera 1960.
·
American Psychological Association. (2023). Emotions
and health: The link between envy and stress responses. APA Press.
·
University of Missouri. (2018). Social media
use and envy: Effects on mental health and depression. Journal of
Cyberpsychology and Behavior, 21(4), 233–240.
·
Lazarus, R. S., & Folkman, S. (1984). Stress,
appraisal, and coping. Springer Publishing.
·
Goleman, D. (1995). Emotional Intelligence:
Why It Can Matter More Than IQ. Bantam Books.
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