Hay momentos en los que miramos a nuestros hijos —o a los hijos que Dios ha puesto en nuestro camino— y sentimos una mezcla de asombro, temor, gratitud y responsabilidad, que tal vez no podamos describir; nos llenamos de incertidumbre y miedo, porque definitivamente queremos hacer los mejor para ellos, queremos en cada acción, palabra o gesto, mostrar cuanto los amamos; pero al mismo tiempo no queremos excesos ni situaciones que les dañen o los alejen.
De tal modo que la Biblia no exagera cuando
afirma:
“He aquí, herencia de Jehová son los hijos;
cosa de estima el fruto del vientre.”
Salmo 127:3
Los hijos no son un accidente, ni un peso, ni
un proyecto humano, ni mucho menos un trofeo que hemos ganado por ser buenas
personas, y como si fueran cosas materiales, dejarlos luego abandonados. Según la Biblia son
una bendición como herencia del mismo Dios, una oportunidad divina para ver el amor de
Dios en forma humana, pequeña, frágil y luminosa.
La psicología también lo confirma
Autores como Martin Seligman, padre de la
psicología positiva, explican que la verdadera felicidad se encuentra en
relaciones significativas, en el amor que damos y recibimos, y en la sensación
de propósito. Los hijos —biológicos, adoptados, espirituales o aquellos que
cuidamos— nos conectan con ese propósito profundo. (https://positivepsychology.com/positive-psychology-theory/)
La psicóloga Virginia Satir, una de las voces
más influyentes en terapia familiar, decía que “la familia es el primer
lugar donde aprendemos a amar y ser amados”.
Y es cierto, los hijos nos enseñan paciencia, resiliencia, ternura y
sacrificio. Nos moldean tanto como nosotros los moldeamos a ellos. https://positivepsychology.com/positive-psychology-theory/
La Biblia añade algo mucho más profundo; Dios
usa la relación entre padres e hijos para revelarnos Su propio corazón,
reflexionemos en los siguientes versículos:
·
“Como el
padre se compadece de los hijos, así se compadece Jehová de los que le temen.” Salmo 103:13
·
“¿Puede una
madre olvidar a su niño de pecho?… Aunque ella lo olvidara, Yo no te olvidaré.” Isaías 49:15
En otras palabras, Dios nos ama con la misma
intensidad, ternura y pasión con la que nosotros amamos a nuestros hijos… pero
de manera perfecta y sin reservas.
La autora Ellen G. White escribió con mucha
profundidad sobre la responsabilidad y el privilegio de ser padres, lo siguiente:
“Los niños son la herencia del Señor, y
debemos educarlos para Él. Los padres deben considerar que sus hijos son
confiados a su cuidado como un sagrado depósito.”
— Ellen G. White, El hogar cristiano, capítulo 33, p. 156 (edición en español,
Asociación Publicadora Interamericana).
En ese mismo capítulo, White profundiza en la
idea de que los hijos son “la más preciosa posesión que Dios ha confiado al
hombre”, y que la educación espiritual y moral en el hogar es una
responsabilidad divina, no solo humana.
Es importante resaltar que no estamos exento
de tener días o momentos difíciles con nuestros hijos, eso lo tenemos muy claro.
Hay días en donde simplemente la maternidad o la paternidad se siente
pesada, llena de incertidumbre, días en los que el cansancio, la preocupación o
la culpa nos visitan, días en los que sentimos que hemos fallado. Pero incluso
ahí, la Biblia nos recuerda que nuestro Dios no se aleja de nuestro lado,
nunca.
“Mi gracia es suficiente para ti,
porque mi poder se perfecciona en la debilidad.”
2 Corintios 12:9
Meditemos en lo siguiente:
· ¿Qué
momentos recientes te han recordado que tus hijos son una bendición, incluso en
los días difíciles?
· ¿Qué áreas
de tu relación con tus hijos necesitan más gracia, paciencia o ternura o comprensión?
· ¿Qué puedes
agradecer hoy, por la vida de ellos?
Esto significa que, Dios no espera perfección, simplemente Dios espera entrega total, sin reservas; dependencia en aquel que nos creó. Recordemos que Él llena los espacios donde nuestras fuerzas no alcanzan. Continuemos pues confiando en nuestro Dios, y entregando cada día en oración a nuestros hijos. Recuerda que todavía hay Oloracielo. Dios te bendiga.
Oración del día:
Señor, gracias por el regalo maravilloso de
los hijos. Gracias porque a través de ellos aprendemos a amar, a perdonar, a
crecer y a confiar y a depender de Ti. Ayúdame a verlos siempre como Tú los
ves: tesoros eternos, almas valiosas, semillas de propósito. Dame sabiduría
para guiarlos, paciencia para formarlos y humildad para aprender de ellos. Que
Tu amor sea el fundamento de nuestro hogar y que cada día podamos reflejar Tu
gracia. En el nombre de Jesús, amén.
📖 Autora:
Elisa Pimentel
📍 Blog:
Oloracielo.blogspot.com
Referencias:
Seligman, M.
E. P. (2011). Flourish; Authentic Happiness. Sobre psicología positiva,
bienestar y relaciones significativas.
BCcampus
Open Publishing. “WB.9: Deep Dive – More About Seligman’s PERMA Model of
Happiness”.
Satir, V.
Escritos sobre terapia familiar y comunicación (familia como núcleo de
aprendizaje emocional).
White, E. G.
El hogar cristiano; otros escritos sobre la educación y formación espiritual de
los hijos.
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