Hay heridas que no vienen de accidentes, enfermedades o pérdidas, que vienen de personas. Personas que, sin darse cuenta o con plena intención, contaminan el ambiente emocional, distorsionan la verdad, manipulan la culpa y erosionan la paz.
También Hay relaciones que
levantan, sanan y fortalecen… y otras que drenan, confunden y hieren.
La Biblia nos advirtió con
claridad desde hace mucho tiempo atrás:
“No os engañéis; las malas
conversaciones corrompen las buenas costumbres.”
1 Corintios 15:33
La toxicidad no es un concepto
moderno, más bien es una realidad espiritual muy antigua.
Es el efecto de convivir con corazones que no han sido transformados por Dios,
en amor, humildad y verdad. La Biblia no usa la palabra “tóxico”, pero sí
describe con claridad a las personas cuya influencia puede desviarnos del
propósito de Dios, robarnos la paz y dañar nuestras relaciones familiares.
La toxicidad no siempre es tan
evidente, a veces viene disfrazada de cariño, de cercanía, de “preocupación”.
Pero sus frutos son claros: culpa, manipulación, miedo, desgaste emocional,
pérdida de identidad y distancia de Dios. Recordemos que las personas tóxicas
no siempre son enemigos, a veces pueden ser familia, a veces son personas que
amamos, a veces son personas que nos necesitan realmente.
Para poder salvar nuestra relación
con nuestro Dios, la Escritura nos recomienda al respecto que debemos
apartarnos, comprendiendo cuales son las consecuencias de ese tipo de compañía,
nos insta a que cuidemos nuestros sentimientos, pensamientos y acciones,
identificando y actuando a la luz del Espíritu Santo. Veamos algunos consejos:
“Apártate
del necio, porque en él no hallarás palabras de ciencia.”
Proverbios 14:7
“El hombre
perverso provoca contiendas, y el chismoso separa a los mejores amigos.”
Proverbios 16:28
“Guarda tu
corazón porque de él mana la vida.”
Proverbios 4:23
Dios no nos llama a odiar, pero
sí a proteger el corazón, a establecer límites y a discernir quién edifica y
quién destruye.
La escritora norteamericana Ellen
White habló con fuerza sobre el impacto de las relaciones dañinas, dejándonos
interesantes consejos (a la luz de la palabra de Dios) para que podamos actuar
con sabiduría y no llegar a separarnos de nuestro creador; asimismo advirtió también
que permitir influencias negativas en el hogar puede destruir la paz espiritual:
“La
influencia de los compañeros es poderosa. Los que no aman a Dios ejercerán una
influencia que apartará el corazón de la verdad.”
— Ellen G. White, El hogar cristiano, cap. 70
“Un espíritu
crítico, de queja o de contienda, abre la puerta al enemigo y destruye la
armonía del hogar.”
— Ellen G. White, El hogar cristiano, cap. 32
“Donde hay
contienda, crítica y dureza, los ángeles de Dios no pueden morar.”
— Ellen G.
White, Mensajes para los jóvenes, pág. 327.
Para esta autora, la toxicidad no
era solo un problema emocional, era un peligro espiritual, pues como dice la Biblia,
su propósito es apartarnos de la presencia de nuestro Dios. Una puerta abierta
por donde entra la desconfianza, la duda, la amargura, la división y la pérdida
de sensibilidad hacia la voz de Dios.
Algunas argumentaciones en la psicología moderna confirman esta realidad descrita hace muchos años
antes. Por ejemplo, autores contemporáneos han estudiado el impacto de este
tipo de relación en las personas.
Henry Cloud y John Townsend,
psicólogos clínicos, explican que las personas tóxicas suelen cruzar límites,
manipular, culpar y drenar emocionalmente a los que les rodean. En su obra Boundaries
(Límites); como resultado de sus investigaciones, ellos afirman que establecer
límites no es egoísmo, sino responsabilidad emocional y espiritual.
Otro ejemplo es Brené Brown, quien,
como investigadora en vulnerabilidad y relaciones humanas, señala que las
dinámicas tóxicas generan vergüenza, y la vergüenza “corroe la creencia de que
somos dignos de amor y pertenencia”; esto nos lleva sin duda a un vacío existencial.
¿Les suena conocido?
Otro investigador que realiza
aportes interesantes a este tema tan crucial es Daniel Goleman, autor de Inteligencia
emocional, quien explica que las relaciones emocionalmente dañinas activan
respuestas de estrés que afectan la salud física, mental y espiritual. ¿Cuántas
personas enfermas conocemos, cuya causa es el estrés?
Es por lo que podemos afirmar que
la ciencia y la fe coinciden en cuanto a las causas y consecuencias de las
relaciones tóxicas, y como estas enferman el alma. La ciencia lo llama relaciones
disfuncionales, la Biblia lo llama malas compañías, Ellen White lo llama influencias
peligrosas, pero el resultado es el mismo: el alma se intoxica.
La Biblia también nos describe a esas
personas cuya influencia es destructiva, a fin de que pongamos atención a sus características:
·
El necio, que no escucha consejo (Proverbios 14:7).
·
El chismoso, que divide familias y amistades (Proverbios
16:28).
·
El iracundo, que enciende conflictos (Proverbios 22:24).
·
El
manipulador, que usa
palabras suaves para esconder intenciones duras (Romanos 16:18).
Ten presente que la toxicidad en
la familia rompe la comunicación, genera miedo, tensión y silencio, crea
alianzas dañinas y favoritismos, distorsiona la identidad de los hijos,
normaliza patrones de abuzo emocional, y lo peor de todo es que apaga la
espiritualidad del hogar. Dios no nos llama a odiar a nadie en absoluto, pero
sí a conocer, discernir y elegir, a los que han de acompañarnos en este camino
de la vida. No nos llama a juzgar, pero sí a proteger el corazón: “Sobre toda
cosa guardada, guarda tu corazón, porque de él mana la vida.” (Proverbios
4:23).
Jesús nos llamó a amar, pero
nunca a permitir abusos, manipulación o destrucción emocional. Él mismo se
apartaba de personas que buscaban dañarlo o desviarlo de su misión (Lucas
4:28–30), y cada provocación la contestó con un “escrito esta”. Del mismo modo Pablo
realizaba esfuerzos cada día para evitar a quienes causaban división o de
quienes pretendían apartarle de su fe (Romanos 16:17). También en el libro de Proverbios
encontramos una invitación a alejarnos del necio, sabiendo que amar no
significa exponerse al daño, a veces, amar implica poner distancia, orar desde
lejos y dejar que Dios sane lo que nosotros no podemos cambiar.
Sabiendo esto, debemos preguntarnos ¿Qué podemos hacer como cristianos para
cuidarnos de las malas compañías?
Meditemos en lo siguiente:
· ¿Hay alguna
relación que está robando tu paz, tu identidad o tu conexión con Dios?
· ¿Qué límites
necesitas establecer para proteger tu salud emocional y espiritual?
· ¿Qué te está
diciendo Dios sobre las personas que influyen en tu vida y en tu hogar?
Dios quiere para cada uno de sus
hijos, paz, libertad, relaciones que edifiquen, un hogar donde su presencia sea
bienvenida, un corazón que pueda escuchar su voz sin interferencias. A veces
para que Dios sane relaciones, primero debe separar, para poder restaurar,
primero debe limpiar y para que podamos escuchar su voz, El necesita que esas voces
dañinas sean silenciadas. Recuerda que amar no significa permitir abusos,
perdonar no significa permitir destrucción y que ser cristiano no significa ser
víctima. Dios te bendiga, todavía hay Oloracielo.
Oración del día:
Señor, dame discernimiento para
reconocer las relaciones que me acercan a Ti y aquellas que me alejan. Dame
valentía para establecer límites sanos, sabiduría para actuar con amor, y
fuerza para proteger mi corazón y mi hogar. Sana las heridas causadas por
palabras o actitudes dañinas, y rodéame de personas que reflejen Tu luz. Que Tu
paz gobierne mis relaciones y que Tu Espíritu me guíe siempre. En el nombre de
Jesucristo, Amén.
Fuentes consultadas:
Biblia. (1960). Santa Biblia:
Reina-Valera Actualizada. Sociedades Bíblicas Unidas.
Brown, B. (2012). Daring greatly: How the courage to be vulnerable
transforms the way we live, love, parent, and lead. Gotham Books.
Cloud, H., & Townsend, J. (1992). Boundaries: When to say yes, how to
say no to take control of your life. Zondervan.
Goleman, D. (1995). Emotional intelligence: Why it can matter more than IQ.
Bantam Books.
White, E. G. (1956). Mensajes para los jóvenes. Pacific Press Publishing
Association.
White, E. G. (1982). El hogar cristiano. Asociación Publicadora
Interamericana.
Estas referencias combinan
sabiduría bíblica, principios espirituales y evidencia psicológica
contemporánea para ayudarte a ti lector a comprender el impacto de las relaciones
tóxicas y la importancia de proteger el corazón. Espero que les sean de utilidad
y bendición.
Autora: Elisa Pimentel
Blog: www.Oloracielo.blogspot.com
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