Vivimos en una época en la que nuestros adolescentes están
expuestos a múltiples influencias. Las redes sociales, la cultura digital y el
deseo natural de pertenecer a un grupo hacen que las amistades ocupen un lugar
cada vez más importante en sus vidas. Como padres, educadores y creyentes,
solemos preocuparnos por las decisiones que toman nuestros jóvenes, sin
embargo, detrás de muchas de esas decisiones existe una realidad que la Biblia
señaló hace siglos, advirtiéndonos sobre algo tan sencillo como que las
compañías tienen el poder de moldear el carácter.
El apóstol Pablo escribió una advertencia que sigue siendo
sorprendentemente actual: "No erréis; las malas conversaciones corrompen
las buenas costumbres" (1 Corintios 15:33), y aunque el contexto original
se relacionaba con falsas enseñanzas que estaban afectando a la iglesia de
Corinto, el principio sigue siendo válido: aquello que escuchamos
constantemente y las personas con quienes compartimos de manera habitual
terminan influyendo en nuestra forma de pensar y actuar.
Resulta interesante observar que lo que la Palabra de Dios
ha enseñado durante siglos hoy también encuentra respaldo en diversas
investigaciones científicas sobre el comportamiento humano, ya que la ciencia
moderna ha llegado a conclusiones similares con investigaciones recientes sobre
el desarrollo adolescente, esos resultados muestran que los jóvenes son
especialmente sensibles a la influencia de sus pares durante el proceso de
construcción de su identidad y toma de decisiones (Allen, 2024). Esta influencia
puede afectar aspectos relacionados con el rendimiento académico, la autoestima
y la adopción de conductas de riesgo.
Un metaanálisis reciente sobre influencia de pares encontró
evidencia consistente de que los comportamientos de los amigos pueden influir
significativamente en las decisiones de nuestros adolescentes. Asimismo,
investigaciones publicadas en revistas especializadas señalan que la influencia
de los compañeros puede favorecer tanto conductas saludables como conductas de
riesgo, dependiendo de los valores predominantes dentro del grupo. (Allen,
2024; Meehan et al., 2024).
Esto debe llevarnos a una reflexión profunda, entendiendo
que las malas compañías rara vez aparecen de forma evidente; no llegan
anunciando “peligro”, sino disfrazadas de aceptación, diversión o popularidad.
Poco a poco van normalizando comportamientos que antes parecían incorrectos,
pero que ahora se han vuelto tendencia y llegan poco a poco a normalizar lo que
antes parecían incorrecto y tristemente terminan siendo parte de nuestra vida
cotidiana. Lo preocupante es que el cambio, muchas veces, suele ser imperceptible
y gradual; por lo que el adolescente puede no percibirlo.
Interesantemente la Biblia ofrece numerosos ejemplos de este
fenómeno, por ejemplo, Salomón advirtió: "El que anda con sabios, sabio
será; más el que se junta con necios será quebrantado" (Proverbios 13:20).
Observemos que el texto no dice que la persona adopta inmediatamente la
conducta de sus amigos. Habla de un proceso. Caminar con sabios conduce a la
sabiduría. Caminar con necios conduce (inevitablemente) al deterioro tanto
físico como espiritual. La dirección de nuestras relaciones termina
convirtiéndose en la dirección de nuestra vida.
Sin embargo, este mensaje no debe interpretarse como una
invitación al aislamiento, ni tampoco un llamado a no utilizar los medios ni
herramientas digitales que actualmente tenemos. Por el contrario, creo en el
buen uso, ético y responsable de todos estos instrumentos que pueden llegar a
ser de mucha bendición para miles de personas.
Adicional a todo esto, existen también estudios recientes que
muestran que las amistades saludables son fundamentales para el bienestar
emocional del ser humano, el desarrollo social y la autoestima. Avalando con
esto que el objetivo de este mensaje no es alejarlos de toda relación, sino
ayudarlos a construir vínculos que fortalezcan sus valores y su propósito, así
como a aprender a administrar los recursos que tenemos a nuestra disposición.
Como familias cristianas y adultos responsables, tenemos la
responsabilidad de enseñar a nuestros jóvenes a discernir, a elegir “bien” y a
ser responsables de sus acciones. No basta con decirles qué amistades evitar;
necesitamos hoy más que nunca ayudarles a identificar qué características hacen
valiosa una amistad, como por ejemplo el respeto, la honestidad, la
responsabilidad, la empatía y, sobre todo, el temor de Dios.
Los adolescentes necesitan comprender y ser conscientes de que
las personas que deben influir en ellos no son necesariamente (o no deberían
ser) quienes hablan más fuerte, ni los que tienen más like’s en las redes
sociales sino aquellas con quienes pasan más tiempo (por eso necesitamos tiempo
de calidad con ellos). Por eso resulta tan importante cultivar espacios donde
puedan relacionarse con modelos positivos: familiares comprometidos, inspiradores,
líderes cristianos con fundamentos y principios solidos en Dios, mentores y
amigos que les inspiren a crecer en todas las áreas de sus vidas.
Preguntas para meditar:
Quizás la pregunta no sea solamente: "¿Quiénes son sus
amigos?", sino también: "¿Quién o qué está formando su
carácter?". Porque, al final, las compañías no solo acompañan en el camino,
muchas veces ayudan a determinar el destino.
Oración del día:
Señor mi Dios, te entrego mis debilidades y mis capacidades
para que las moldees con tu sabiduría, misericordia y amor, y me permitas poder
instruir (a mis hijos y a todo niño o adolescente que se acerque a mi) en tus
caminos; ayúdame a orientarlos de tal manera que puedan proteger su mente,
carácter y comportamiento. Nuestra sociedad necesita adultos saludables y
responsables, no solo físicamente, sino también espiritualmente; ayúdanos a
contribuir con tu causa. En el nombre de Jesucristo. Amen.
Autora: Elisa Pimentel
Blog: Oloracielo.blogspot.com
YouTube: https://www.youtube.com/@oloracielord
créditos y fuentes consultadas
Santa Biblia. (1960). Reina-Valera 1960.
Allen, J. P. (2024). Rethinking
Peer Influence and Risk Taking. Development and Psychopathology.
Meehan, Z. M., et al. (2024). Susceptibility
to peer influence in adolescents: Associations between psychophysiology and
behavior. Development and Psychopathology.
No hay comentarios:
Publicar un comentario