"Y al ver las multitudes,
tuvo compasión de ellas; porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas
que no tienen pastor."
Mateo 9:36
¿Hace cuánto tiempo no miras
verdaderamente a alguien a los ojos?
Vivimos en una época
extraordinaria, donde nunca antes habíamos tenido tanta información al alcance
de nuestras manos.
Podemos conocer lo que ocurre al
otro lado del mundo en cuestión de segundos, con un simple clic.
Sabemos qué desayunó una
celebridad, qué piensa un influencers y cuántos seguidores tiene una persona
que jamás conoceremos, y sin embargo, podemos decir que cada vez conocemos
menos el corazón de quienes viven bajo nuestro propio techo.
Nos hemos acostumbrado a observar
pantallas, pero hemos dejado de contemplar personas. Hemos aprendido a
reaccionar con un "me gusta" (like), pero más difícil expresarle a
alguien lo que nos gusta o lo que creemos; cada vez nos cuesta más regalar una
conversación sincera. Sabemos enviar un mensaje en segundos, pero se nos ha olvidado
abrazar, es más fácil enviar emojis que actuar.
Y mientras todo esto ocurre, el
mundo continúa necesitando algo que ninguna tecnología podrá reemplazar: La
compasión.
Hoy se habla mucho de empatía, y
muchos llegan a confundirlo con la compasión. La empatía es algo bueno, no digo
que no lo sea; es bueno porque nos permite comprender el dolor ajeno, pero
Jesús fue mucho más allá de comprender ese dolor, no como un simple observador
del sufrimiento humano.
El evangelista Mateo escribió: "Y
al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas..." (Mateo 9:36).
La palabra griega utilizada es σπλαγχνίζομαι
(splagchnízomai), esta no describe una emoción superficial, literalmente
hace referencia a un profundo movimiento interior, como si el dolor del otro
conmoviera las entrañas de quien lo contempla.
En otras palabras, nos trata de mostrar
que la compasión mostrada por Jesucristo no consistía únicamente en sentir ese
sufrimiento, iba más allá, y es esto justamente lo que la Biblia quiere
decirnos.
Esta clase de compasión consiste
en dejar que ese sentimiento nos impulse a amar, servir y actuar. Eso hizo
Jesús durante toda su vida. Vio al leproso y lo tocó, vio al ciego y lo sanó, vio
a la viuda y la consoló, vio a la multitud hambrienta, y la alimentó, vio a
Pedro después de negarlo y lo restauró…
Esto refleja que Jesús nunca fue
indiferente al dolor humano.
La ciencia confirma lo que la
Biblia enseñó hace siglos
Durante décadas, la neurociencia
ha investigado cómo responde nuestro cerebro cuando observamos el sufrimiento
de otras personas.
Estudios sobre las llamadas neuronas
espejo, descritas inicialmente por el equipo del neurocientífico italiano
Giacomo Rizzolatti, muestran que nuestro cerebro está preparado para resonar
con las acciones y emociones ajenas. Además, investigaciones de la
neurocientífica Tania Singer han encontrado que la compasión activa circuitos
cerebrales relacionados con el cuidado, la motivación para ayudar y las
emociones positivas, diferenciándose de la simple empatía, que puede conducir
al agotamiento emocional cuando no va acompañada de una respuesta constructiva.
Qué extraordinario resulta
descubrir que la ciencia apenas está describiendo mecanismos que Dios ya había
puesto en el ser humano desde la creación.
Dios nos creó para amar, para
preocuparnos por el otro, porque, al haber sido creados a la imagen y semejanza
de Dios, reflejamos, aunque imperfectamente (por causa del pecado), el carácter
de un Dios amoroso y compasivo.
El peligro de una generación
distraída
A pesar de que nos hemos distraído
mucho con todo este tema de las tecnologías, particularmente no creo que el
mayor problema de nuestro tiempo sean los teléfonos, las redes sociales o las
plataformas digitales.
El problema aparece cuando todo
lo antes mencionado llega a sustituir a las personas; Cuando los hijos ya no
juegan en el patio n i en los parques; cuando las conversaciones familiares son
reemplazadas por notificaciones; cuando una puesta de sol pasa desapercibida
porque estamos mirando una pantalla, cuando dejamos de admirar la creación de
Dios para admirar únicamente aquello que un algoritmo decide mostrarnos.
Y no, no es nostalgia por el
pasado, es una invitación a recuperar algo profundamente humano, que ha fragmentado
nuestra sociedad; es una invitación a reflexiona sobre la capacidad que deberíamos
tener para detenernos a escuchar, observar, acompañar a otros, esa capacidad
que se necesita para llorar con los que lloran y también gozarnos con los que
se gozan (Romanos 12:15).
Jesús nunca tuvo prisa para
amar
Hay algo que siempre me conmueve
cuando leo los Evangelios, y es el hecho de que Jesús caminaba hacia un lugar y
alguien interrumpía su camino (un ciego gritaba, una mujer tocaba su manto, un
padre desesperado pedía ayuda, un niño quería acercarse, una viuda lloraba
desconsolada), y la respuesta de Jesús era detenerse y tener compasión por los demás.
Nunca trató a las personas como
interrupciones, las veía como el propósito mismo de su misión; Quizá nosotros
estamos demasiado ocupados (o enfocados en objetivos equivocados) como para
hacer lo mismo que hizo Jesús. Deberíamos meditar en esto.
La compasión comienza con una
mirada
No podemos amar aquello que nunca
vemos; tal vez por eso la Biblia repite tantas veces que Jesús vio a las
personas antes de actuar. No es casualidad que en la Biblia los verbos
asociados a la percepción visual (ver) y auditiva (oír), tengan una presencia
destacada. Solamente en el libro de Apocalipsis, para referirse a la percepción
visual, se utiliza unas 135 veces (en sus distintas formas) y para la percepción
de oír, se utiliza unas 48 veces (en sus diferentes formas), y el libro solo
tiene 22 capítulos; asombroso. ¿No?
Es por esto que para poder
apreciar y reflejar a Jesús en esta acción (La compasión) comienza cuando
dejamos de pasar de largo. Cuando dejamos de mirar únicamente nuestros propios
problemas. Cuando descubrimos que alguien necesita una palabra de ánimo, una
visita, una oración, un abrazo o simplemente nuestra presencia.
La verdadera compasión siempre
tiene un rostro, y siempre tiene un nombre.
El mayor acto de compasión de
la historia
Toda la vida de Jesús fue un
ejemplo perfecto de compasión. Pero hubo un momento donde esa compasión alcanzó
su máxima expresión, y ese momento fue la cruz.
Cristo no observó el sufrimiento
humano desde la distancia, El entró en nuestra historia, cargó con nuestro
pecado, soportó nuestro dolor, y abrió el camino para reconciliarnos con el
Padre. Esto muestra y nos recuerda que Dios no ama de palabra, ama con hechos.
Y hoy ese mismo Dios, ese mismo Jesús, nos invita a hacer lo mismo con las
personas que nos rodean.
Preguntas para reflexionar
1. ¿Cuántas personas he
visto esta semana... pero realmente no he mirado?
2. ¿Estoy tan ocupado que
ya no tengo tiempo para detenerme cuando alguien necesita ser escuchado?
3. Si Jesús caminara hoy
por mi ciudad, ¿mi manera de tratar a las personas se parecería a la suya?
Oración
Padre amado:
Gracias porque nunca fuiste
indiferente a mi dolor. Cuando yo estaba perdido, Tú me buscaste. Cuando caí,
me levantaste. Cuando nadie podía cambiar mi corazón, tu gracia comenzó una
obra nueva en mí.
Perdóname por las veces que he
vivido tan ocupado que he dejado de ver las necesidades de quienes me rodean.
Enséñame a mirar con los ojos de Cristo, a escuchar con paciencia, a servir con
humildad y a amar sin esperar nada a cambio.
Que nunca permita que las
distracciones de este mundo apaguen la compasión que tu Espíritu desea producir
en mi vida. Haz de mí una persona que refleje tu carácter, para que otros
puedan conocerte a través de mis palabras, mis acciones y mi manera de amar.
En el nombre de Jesús. Amén.
Quizá el mundo no necesita más
personas que opinen sobre el sufrimiento, quizá solo necesita más personas
dispuestas a detenerse junto al que sufre, porque la compasión nunca fue
simplemente un sentimiento, la compasión tiene el rostro de Jesús.
Desafío de la semana:
Antes de terminar el día, detente a mirar verdaderamente a una persona.
Escúchala sin mirar el teléfono. Ora por ella. Haz un acto de bondad sin
esperar reconocimiento. Quizá descubras que la compasión comienza con algo tan
sencillo como dedicar tiempo a quien Dios puso frente a ti.
Autora: Elisa Pimentel
Blog: Oloracielo.blogspot.com
YouTube: https://www.youtube.com/@oloracielord
Créditos y fuentes consultadas
- La Santa Biblia, Reina-Valera 1960.
- Brown, B. (2010). The Gifts of Imperfection.
Hazelden Publishing. (Sobre conexión humana, vulnerabilidad y relaciones).
- Rizzolatti, G., & Sinigaglia, C. (2008). Mirrors
in the Brain: How Our Minds Share Actions and Emotions. Oxford
University Press.
- Singer, T., & Klimecki, O. M. (2014).
"Empathy and Compassion." Current Biology, 24(18),
R875-R878.
- Decety, J., & Jackson, P. L. (2004). "The
Functional Architecture of Human Empathy." Behavioral and
Cognitive Neuroscience Reviews, 3(2), 71–100.
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