martes, 21 de julio de 2026

Cuando dejamos de mirar a los ojos ...

 



"Y al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas; porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor."
Mateo 9:36

¿Hace cuánto tiempo no miras verdaderamente a alguien a los ojos?

Vivimos en una época extraordinaria, donde nunca antes habíamos tenido tanta información al alcance de nuestras manos.

Podemos conocer lo que ocurre al otro lado del mundo en cuestión de segundos, con un simple clic.

Sabemos qué desayunó una celebridad, qué piensa un influencers y cuántos seguidores tiene una persona que jamás conoceremos, y sin embargo, podemos decir que cada vez conocemos menos el corazón de quienes viven bajo nuestro propio techo.

Nos hemos acostumbrado a observar pantallas, pero hemos dejado de contemplar personas. Hemos aprendido a reaccionar con un "me gusta" (like), pero más difícil expresarle a alguien lo que nos gusta o lo que creemos; cada vez nos cuesta más regalar una conversación sincera. Sabemos enviar un mensaje en segundos, pero se nos ha olvidado abrazar, es más fácil enviar emojis que actuar.

Y mientras todo esto ocurre, el mundo continúa necesitando algo que ninguna tecnología podrá reemplazar: La compasión.

Hoy se habla mucho de empatía, y muchos llegan a confundirlo con la compasión. La empatía es algo bueno, no digo que no lo sea; es bueno porque nos permite comprender el dolor ajeno, pero Jesús fue mucho más allá de comprender ese dolor, no como un simple observador del sufrimiento humano.

El evangelista Mateo escribió: "Y al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas..." (Mateo 9:36).

La palabra griega utilizada es σπλαγχνίζομαι (splagchnízomai), esta no describe una emoción superficial, literalmente hace referencia a un profundo movimiento interior, como si el dolor del otro conmoviera las entrañas de quien lo contempla.

En otras palabras, nos trata de mostrar que la compasión mostrada por Jesucristo no consistía únicamente en sentir ese sufrimiento, iba más allá, y es esto justamente lo que la Biblia quiere decirnos.

Esta clase de compasión consiste en dejar que ese sentimiento nos impulse a amar, servir y actuar. Eso hizo Jesús durante toda su vida. Vio al leproso y lo tocó, vio al ciego y lo sanó, vio a la viuda y la consoló, vio a la multitud hambrienta, y la alimentó, vio a Pedro después de negarlo y lo restauró…

Esto refleja que Jesús nunca fue indiferente al dolor humano.

La ciencia confirma lo que la Biblia enseñó hace siglos

Durante décadas, la neurociencia ha investigado cómo responde nuestro cerebro cuando observamos el sufrimiento de otras personas.

Estudios sobre las llamadas neuronas espejo, descritas inicialmente por el equipo del neurocientífico italiano Giacomo Rizzolatti, muestran que nuestro cerebro está preparado para resonar con las acciones y emociones ajenas. Además, investigaciones de la neurocientífica Tania Singer han encontrado que la compasión activa circuitos cerebrales relacionados con el cuidado, la motivación para ayudar y las emociones positivas, diferenciándose de la simple empatía, que puede conducir al agotamiento emocional cuando no va acompañada de una respuesta constructiva.

Qué extraordinario resulta descubrir que la ciencia apenas está describiendo mecanismos que Dios ya había puesto en el ser humano desde la creación.

Dios nos creó para amar, para preocuparnos por el otro, porque, al haber sido creados a la imagen y semejanza de Dios, reflejamos, aunque imperfectamente (por causa del pecado), el carácter de un Dios amoroso y compasivo.

El peligro de una generación distraída

A pesar de que nos hemos distraído mucho con todo este tema de las tecnologías, particularmente no creo que el mayor problema de nuestro tiempo sean los teléfonos, las redes sociales o las plataformas digitales.

El problema aparece cuando todo lo antes mencionado llega a sustituir a las personas; Cuando los hijos ya no juegan en el patio n i en los parques; cuando las conversaciones familiares son reemplazadas por notificaciones; cuando una puesta de sol pasa desapercibida porque estamos mirando una pantalla, cuando dejamos de admirar la creación de Dios para admirar únicamente aquello que un algoritmo decide mostrarnos.

Y no, no es nostalgia por el pasado, es una invitación a recuperar algo profundamente humano, que ha fragmentado nuestra sociedad; es una invitación a reflexiona sobre la capacidad que deberíamos tener para detenernos a escuchar, observar, acompañar a otros, esa capacidad que se necesita para llorar con los que lloran y también gozarnos con los que se gozan (Romanos 12:15).

Jesús nunca tuvo prisa para amar

Hay algo que siempre me conmueve cuando leo los Evangelios, y es el hecho de que Jesús caminaba hacia un lugar y alguien interrumpía su camino (un ciego gritaba, una mujer tocaba su manto, un padre desesperado pedía ayuda, un niño quería acercarse, una viuda lloraba desconsolada), y la respuesta de Jesús era detenerse y tener compasión por los demás.

Nunca trató a las personas como interrupciones, las veía como el propósito mismo de su misión; Quizá nosotros estamos demasiado ocupados (o enfocados en objetivos equivocados) como para hacer lo mismo que hizo Jesús. Deberíamos meditar en esto.

La compasión comienza con una mirada

No podemos amar aquello que nunca vemos; tal vez por eso la Biblia repite tantas veces que Jesús vio a las personas antes de actuar. No es casualidad que en la Biblia los verbos asociados a la percepción visual (ver) y auditiva (oír), tengan una presencia destacada. Solamente en el libro de Apocalipsis, para referirse a la percepción visual, se utiliza unas 135 veces (en sus distintas formas) y para la percepción de oír, se utiliza unas 48 veces (en sus diferentes formas), y el libro solo tiene 22 capítulos; asombroso. ¿No?

Es por esto que para poder apreciar y reflejar a Jesús en esta acción (La compasión) comienza cuando dejamos de pasar de largo. Cuando dejamos de mirar únicamente nuestros propios problemas. Cuando descubrimos que alguien necesita una palabra de ánimo, una visita, una oración, un abrazo o simplemente nuestra presencia.

La verdadera compasión siempre tiene un rostro, y siempre tiene un nombre.

El mayor acto de compasión de la historia

Toda la vida de Jesús fue un ejemplo perfecto de compasión. Pero hubo un momento donde esa compasión alcanzó su máxima expresión, y ese momento fue la cruz.

Cristo no observó el sufrimiento humano desde la distancia, El entró en nuestra historia, cargó con nuestro pecado, soportó nuestro dolor, y abrió el camino para reconciliarnos con el Padre. Esto muestra y nos recuerda que Dios no ama de palabra, ama con hechos. Y hoy ese mismo Dios, ese mismo Jesús, nos invita a hacer lo mismo con las personas que nos rodean.

Preguntas para reflexionar

1. ¿Cuántas personas he visto esta semana... pero realmente no he mirado?

2. ¿Estoy tan ocupado que ya no tengo tiempo para detenerme cuando alguien necesita ser escuchado?

3. Si Jesús caminara hoy por mi ciudad, ¿mi manera de tratar a las personas se parecería a la suya?

Oración

Padre amado:

Gracias porque nunca fuiste indiferente a mi dolor. Cuando yo estaba perdido, Tú me buscaste. Cuando caí, me levantaste. Cuando nadie podía cambiar mi corazón, tu gracia comenzó una obra nueva en mí.

Perdóname por las veces que he vivido tan ocupado que he dejado de ver las necesidades de quienes me rodean. Enséñame a mirar con los ojos de Cristo, a escuchar con paciencia, a servir con humildad y a amar sin esperar nada a cambio.

Que nunca permita que las distracciones de este mundo apaguen la compasión que tu Espíritu desea producir en mi vida. Haz de mí una persona que refleje tu carácter, para que otros puedan conocerte a través de mis palabras, mis acciones y mi manera de amar.

En el nombre de Jesús. Amén.

 Recuerda...

Quizá el mundo no necesita más personas que opinen sobre el sufrimiento, quizá solo necesita más personas dispuestas a detenerse junto al que sufre, porque la compasión nunca fue simplemente un sentimiento, la compasión tiene el rostro de Jesús.

Desafío de la semana: Antes de terminar el día, detente a mirar verdaderamente a una persona. Escúchala sin mirar el teléfono. Ora por ella. Haz un acto de bondad sin esperar reconocimiento. Quizá descubras que la compasión comienza con algo tan sencillo como dedicar tiempo a quien Dios puso frente a ti.

 

Autora: Elisa Pimentel
Blog:
Oloracielo.blogspot.com

YouTube: https://www.youtube.com/@oloracielord

Créditos y fuentes consultadas

  • La Santa Biblia, Reina-Valera 1960.
  • Brown, B. (2010). The Gifts of Imperfection. Hazelden Publishing. (Sobre conexión humana, vulnerabilidad y relaciones).
  • Rizzolatti, G., & Sinigaglia, C. (2008). Mirrors in the Brain: How Our Minds Share Actions and Emotions. Oxford University Press.
  • Singer, T., & Klimecki, O. M. (2014). "Empathy and Compassion." Current Biology, 24(18), R875-R878.
  • Decety, J., & Jackson, P. L. (2004). "The Functional Architecture of Human Empathy." Behavioral and Cognitive Neuroscience Reviews, 3(2), 71–100.

 


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