lunes, 7 de septiembre de 2026

¿Cuánto estoy dispuesto a dejar por Cristo?

 



“Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame.”
 Lucas 9:23

Nos gusta hablar de seguir a Cristo, de sus promesas, de su amor, de su misericordia y de las bendiciones que encontramos en Él, pero Jesús también habló de algo que muchas veces preferimos no mencionar: negarse a sí mismo.

Seguir a Cristo no significa solamente agregar a Jesús a nuestra vida cotidiana, significa permitir que Él transforme verdaderamente nuestra vida, y esto mi querido hermano implica sacrificio.

Sacrificar aquello que alimenta nuestro orgullo, nuestros deseos cuando contradicen su voluntad, nuestras costumbres cuando la Palabra nos llama a cambiarlas, nuestro derecho a tener siempre la razón, nuestro resentimiento cuando Cristo nos llama a perdonar, nuestra necesidad de controlar cuando Dios nos pide confiar, nuestro ego cuando Él nos llama a servir (y la lista puede ser muy larga); Y entonces aparece una pregunta que quizás necesitamos hacernos con absoluta sinceridad: ¿Cuánto estoy dispuesto a sacrificar para que Cristo viva en mí?

Porque es fácil decir: “Cristo es el Señor de mi vida.” Pero… ¿lo es realmente?

¿Lo es cuando me pide renunciar a algo que amo?, ¿Cuándo debo reconocer que estoy equivocado?, ¿Cuándo tengo que pedir perdón?, ¿Cuándo debo dejar una costumbre que me gusta?, ¿Cuándo obedecer a Dios significa ir en contra de lo que todos hacen?

Debemos aprender a dejar que Cristo gobierne nuestra vida, porque queremos que Jesús viva en nosotros, pero a veces queremos seguir gobernando nosotros, y esto mis amados, es el error mas grande que podemos cometer en nuestra vida cristiana.

Queremos sus promesas, pero no siempre queremos su señorío, queremos su cruz como símbolo, pero no siempre queremos llevar la nuestra, y quizá necesitamos hacernos otra pregunta: ¿Cuánto conozco realmente a Cristo? (personalmente creo que es la pregunta mas importante de todas, y por donde debemos empezar).

Porque podemos conocer acerca de Jesús sin conocer verdaderamente a Jesús. Podemos conocer sus palabras y no vivirlas. Podemos hablar de su amor y no amar. Podemos admirar su humildad y continuar alimentando nuestro orgullo. Podemos llamarnos cristianos y, sin embargo, conservar cuidadosamente el trono de nuestro propio corazón.

Conocer a Cristo verdaderamente debería producir algo en nosotros, debería cambiar nuestra manera de pensar, de hablar, de amar, de perdonar, de servir y de vivir. Jesús no nos llamó simplemente a llevar su nombre. Nos llamó a seguir sus pasos.

Y seguir sus pasos significa que algunas cosas tendrán que morir en nosotros para que algo nuevo pueda vivir. Quizás hoy no necesitas preguntarte cuánto has recibido de Dios. Quizás necesitas preguntarte:

¿Qué estoy dispuesto a entregarle a Dios?

¿Qué parte de mi vida todavía estoy defendiendo?

¿Qué deseo no quiero soltar?

¿Qué pecado sigo justificando?

¿Qué orgullo todavía gobierna mis decisiones?

¿Qué costumbre me cuesta abandonar?

¿Qué tendría que morir en mí para que Cristo pudiera vivir más plenamente?

No quiero que te hagas estas preguntas para condenarte. Hazlas delante de la cruz, porque allí recordamos que Cristo no nos pidió un sacrificio que Él mismo no estuviera dispuesto a hacer.

Él lo entregó todo, y ahora nos invita a seguirle, no promete que será fácil, pero sí promete que no caminaremos solos.

Para meditar hoy

Tal vez el verdadero sacrificio de seguir a Cristo no consiste solamente en renunciar a cosas externas, quizás el sacrificio más grande sea renunciar al derecho de seguir siendo el dueño de nosotros mismos; morir al yo, entregar el control, y dejar que Cristo gobierne (en todo); esta debe ser nuestra meta.

Y que al final podamos decir como Pablo: “Ya no vivo yo, más vive Cristo en mí.”

La invitación para hoy es a poder identificar esas áreas donde debemos trabajar, y donde debemos invitar a Cristo a morar; que nuestro deseo vaya más allá de ser cristianos; que aprendamos a vivir una vida EN Cristo.

Oración del día

Señor Jesús, hoy quiero reconocer que muchas veces quiero seguirte sin dejar de gobernar mi propia vida, por eso te pido que me perdones. Enséñame a morir al yo, a renunciar a aquello que me aleja de ti y a entregarte cada área de mi vida. Quita de mí el orgullo, el egoísmo y todo aquello que ocupa el lugar que solamente te pertenece a ti. Ayúdame a conocerte, no solamente de oídas, sino a través de una relación verdadera contigo.

Que pueda decir con sinceridad: “Ya no vivo yo, más vive Cristo en mí.”, Hazme semejante a ti. Y cuando seguirte implique sacrificio, dame la fe, la fortaleza y el amor necesarios para no volver atrás. En el nombre de Jesús. Amén.

Reto del día

Hoy busca un momento de silencio y pregúntale a Dios: “Señor, ¿qué hay en mí que todavía no te he entregado?”. No intentes justificarte. No pienses en otra persona. Escucha atentamente la voz de Dios. Y cuando Dios te muestre aquello que necesitas entregar, no solamente lo reconozcas: entrégaselo de todo corazón. Porque quizá aquello que hoy te cuesta soltar sea precisamente aquello que está ocupando el lugar donde Cristo quiere vivir en ti.

Recuerda que todavía hay Oloracielo.

Autora: Elisa Pimentel


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