martes, 8 de septiembre de 2026

Cuando no sabes cuánto tiempo tienes...

 



“Hazme saber, Jehová, mi fin, y cuánta sea la medida de mis días; sepa yo cuán frágil soy.” (Salmos 39:4)

Hay preguntas que todos nos hacemos alguna vez:

¿Quién soy?
¿Hacia dónde voy?
¿Qué será de mi vida?
¿Tendré tiempo para hacer todo lo que quiero?
¿Qué me espera mañana?

Vivimos intentando responderlas mientras corremos. Trabajamos, estudiamos, hacemos planes, perseguimos sueños, tratamos de asegurar nuestro futuro y, muchas veces, nos preocupamos por cosas que todavía no han ocurrido. Y en medio de todo ese afán, podemos llegar a olvidar algo muy importante: No tenemos el control del tiempo.

David lo entendió. Por eso le pide a Dios: “Hazme saber... cuánta sea la medida de mis días.”; No está pidiendo conocer exactamente cuándo morirá. Está pidiendo algo mucho más profundo: “Señor, enséñame a comprender que mi vida tiene un límite.”

Porque cuando olvidamos que nuestros días son limitados, comenzamos a vivir como si tuviéramos tiempo para todo. Dejamos para después el perdón, dejamos para después la reconciliación, dejamos para después buscar a Dios, dejamos para después aquello que sabemos que debemos cambiar hoy; Y mientras tanto, gastamos nuestros días preocupándonos por un futuro que todavía no conocemos.

Nuestra fragilidad no es nuestra identidad

Vivimos en una época en la que muchas personas luchan constante y diariamente por descubrir quiénes son. Y muchas veces creemos que las redes sociales nos están mostrando quién deberíamos ser (y este es uno de los engaños más letales para la humanidad, la falta de identidad).

La sociedad nos dice “cómo deberíamos vernos”. El éxito intenta decirnos “cuánto valemos”. Y las opiniones de otros intentan “definirnos”. Nuestros errores intentan convencernos de que somos lo que hicimos (estrategia que todavía le funciona al enemigo). Y nuestras circunstancias pueden hacernos creer que somos aquello que nos ocurrió.

Pero la palabra de Dios hoy nos recuerda algo diferente, dicho por David: “somos frágiles”. Y reconocer nuestra fragilidad no significa vivir con miedo, significa reconocer que no somos Dios, que no podemos controlar el mañana, que no podemos detener el tiempo, que no podemos garantizar cuánto viviremos y que tampoco podemos conocer todo lo que sucederá en nuestras vidas.

Pero sí podemos decidir en quién colocaremos nuestra confianza mientras caminamos hacia ese futuro desconocido. Y es ahí donde comienza una verdad maravillosa, nuestra identidad no tiene que descansar en lo que cambia, nuestra identidad debe descansar en Dios, que no cambia.

Quizás hoy no sabes qué sucederá con tu trabajo, no sabes cómo resolverás una situación familiar, tienes planes que todavía no sabes si podrás realizar, miras hacia adelante y solamente ves incertidumbre, pero hay algo mi querido hermano que sí debes saber: Dios es el mismo hoy mañana y por los siglos… por eso no permitamos que un futuro que todavía no existe nos robe la paz que Dios quiere darnos hoy.

Quizás no necesitas conocer tus días; necesitas aprender a vivirlos

Hay algo hermoso en la oración de David, él no le dice a Dios: “Muéstrame todo lo que sucederá.”, le dice: “Enséñame a comprender mis días, mi fragilidad y a vivir con sabiduría. Y esta quizás debería ser también nuestra oración hoy.

Porque no necesitamos conocer todo nuestro futuro para confiar en Dios, solo necesitamos conocer más profundamente al Dios que sostiene nuestro futuro.

Entonces detente. Respira, mira tu vida, este día no volverá, esta conversación no volverá, esta oportunidad no volverá, este momento tampoco. Mira tus días como un regalo, no una propiedad.

Vamos a preguntarnos hoy:

¿Estoy permitiendo que mis circunstancias definan quién soy?

¿Estoy tan preocupado por mañana que estoy olvidando buscar a Dios hoy?

No necesitas tener todas las respuestas, solo necesitas acercarte a Aquel que conoce todas las respuestas. David reconoció su fragilidad, y nosotros también podemos hacerlo. Cuando finalmente entendemos eso, dejamos de vivir desesperadamente intentando controlar lo que nunca estuvo en nuestras manos y comenzamos a vivir confiando en nuestro Dios.

Oración del día

Señor, enséñame a vivir mis días confiada/o en tu amor y misericordia; cuando el futuro me produzca ansiedad, recuérdame que Tú ya estás allí para sostenerme; cuando no sepa quién soy, ayúdame a recordar quién soy delante de Ti; cuando las circunstancias quieran definir mi identidad, enséñame a encontrarla solo en tu amor; Cuando quiera controlar lo que no puedo controlar, ayúdame a soltar y confiar en que tú tienes mejores planes para mí. No permitas que desperdicie mis días viviendo preocupada/o por el mañana.

Enséñame a vivir este día contigo, con propósito, con gratitud y sobre todo con fe. Y cuando recuerde que soy frágil, que eso no me lleve al temor, sino a buscar más de ti. Y a recordar que mis días están en tus manos. En el nombre de Jesús. Amén.

Reto del día

Hoy no intentes resolver toda tu vida. Entrégale a Dios solamente este día. Ora, abraza, agradece, y sobre todo busca a Dios en oración. Y cuando aparezca nuevamente la preocupación por el futuro, repite: “Señor, no conozco mis días, pero conozco a quien los sostiene.”

Todavía hay Oloracielo.

Autora: Elisa Pimentel


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