“Al que nos amó, y nos lavó de
nuestros pecados con su sangre.”
(Apocalipsis 1:5)
Hay momentos en los que podemos
sentir que nos hemos alejado demasiado de Dios. Quizás por algo que hicimos o
dejamos de hacer; por una decisión de la que todavía nos arrepentimos, por un
pecado que hemos repetido demasiadas veces o acariciado por demasiado tiempo. Por
palabras que no debimos decir; por una etapa de nuestra vida que preferiríamos
olvidar, o que queremos borrar.
Y entonces aparece una voz dentro
de nosotros que dice:
“¿Cómo es que Dios puede seguir
amándome después de todo esto?”
Pero hoy quiero que mires
nuevamente a Cristo. Juan no escribió: “Al que nos amará si conseguimos
cambiar.”
Tampoco dijo: “Al que nos
amó cuando éramos perfectos.”
Juan simplemente escribió: “Al
que nos amó.”
Y ese amor no se quedó en palabras,
Él nos lavó de nuestros pecados con su sangre.
El amor de Cristo no ignora
nuestro pecado, más bien lo enfrenta, lo perdona, lo limpia, lo transforma. Por
eso no tienes que acercarte a Dios fingiendo que estás bien. El nos invita a
que vengamos a Él con nuestras culpas, con nuestras lágrimas, con nuestras
preguntas.
Con todo aquello que nadie conoce
de nosotros; podemos llegar tal como estamos ahora mismo, porque Cristo ya sabe
todo, y aun sabiéndolo todo acerca de ti y de mí, nos continúa llamando hoy
Cristo murió precisamente para
abrirnos el camino de regreso a nuestro eterno hogar.
Y es por esto que Jesús no espera
que primero arregles tu vida para después acercarte a Él. Él nos invita
a acercarnos a Él para que podamos comenzar a transformar nuestras vidas.
Hoy es el mejor día para volver,
para empezar; No mañana, no cuando seas mejor, no cuando hayas solucionado todo,
hoy. Porque el amor de Dios no es una recompensa para quienes lograron ser
suficientemente buenos. Es gracia para quienes reconocen que necesitan un
Salvador.
Y la ciencia encuentra algo
interesante con respecto a este tema
La investigación psicológica
encuentra beneficios asociados con procesos de perdón y autoperdón, mientras
que la Biblia nos revela la fuente espiritual del perdón: la gracia de Dios en
Cristo.
Es por esto que el perdón de Dios
no solamente alivia nuestra culpa; restaura nuestra relación con Él. Por lo que
hoy no quiero que solamente leas este versículo, quiero que lo recibas.
“Al que nos amó.”
Ese amor también te alcanza a ti
hoy. A ti que has fallado, que estás cansado, que llevas una culpa que nadie
conoce, que quizás has dejado de orar porque sientes que ya no eres digno de
acercarte. Hoy la invitación es para que vuelvas, recordando que Cristo no
murió por una versión perfecta de ti, Él murió por ti.
Y su amor todavía está llamando a
la puerta de tu corazón hoy. Solo necesitas arrodillarte y decir: “Señor, aquí
estoy. Perdóname. Límpiame. Restáurame. Quiero volver a caminar contigo.”
Y confiar en que Él lo hará. Porque
si hay algo que este versículo nos recuerda es que nuestro pecado no es más
grande que la gracia de Cristo. Y que su amor no depende de nuestra perfección.
Depende de quién es Él. Y Él sigue siendo nuestro Salvador.
Oración del día:
Padre amado, hoy me acerco a Ti
tal como soy. Sin esconder mis errores, mis heridas ni mis pecados. Gracias
porque, aun conociéndome completamente, decidiste amarme.
Gracias por Jesús y por el
sacrificio de la cruz. Lávame de mis pecados. Quita de mí la culpa que me aleja
de Ti y enséñame a vivir en la libertad de tu perdón. Restaura mi relación
contigo. Haz que vuelva a buscarte no solamente cuando necesito algo, sino
porque quiero conocerte y caminar contigo. Ayúdame, sobre todo, a comprender la
profundidad de tu amor y a vivir cada día confiando en tu gracia. En el nombre
de Jesús. Amén.
Reto del día:
Hoy busca un lugar tranquilo. Cierra
los ojos y vuelve a leer lentamente:
“Al que nos amó, y nos lavó de
nuestros pecados con su sangre.”
Y esta vez, léelo en primera
persona:
“Cristo me amó. Cristo me limpia. Cristo
me perdona. Cristo todavía me llama.”
Después dile algo que quizás
llevas demasiado tiempo queriendo decirle y no te animabas a hacerlo. No huyas
de Dios por aquello que hiciste o dejaste de hacer. Corre hacia Él precisamente
porque necesitas su gracia. Recuerda que todavía hay Oloracielo.
Autora: Elisa Pimentel
Apoyo científico
Cowden, R. G., Worthington, E.
L., Chung, C. A., Chen, Z. J., et al. (2025). Differential effects of
decisional and emotional forgiveness on psychological, spiritual, social,
volitional, and physical well-being: A scoping review. Healthcare, 13(9),
992.
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