miércoles, 9 de septiembre de 2026

El amor que todavía te alcanza,

 



“Al que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre.”
(Apocalipsis 1:5)

Hay momentos en los que podemos sentir que nos hemos alejado demasiado de Dios. Quizás por algo que hicimos o dejamos de hacer; por una decisión de la que todavía nos arrepentimos, por un pecado que hemos repetido demasiadas veces o acariciado por demasiado tiempo. Por palabras que no debimos decir; por una etapa de nuestra vida que preferiríamos olvidar, o que queremos borrar.

Y entonces aparece una voz dentro de nosotros que dice:

“¿Cómo es que Dios puede seguir amándome después de todo esto?”

Pero hoy quiero que mires nuevamente a Cristo. Juan no escribió: “Al que nos amará si conseguimos cambiar.”

Tampoco dijo: “Al que nos amó cuando éramos perfectos.”

Juan simplemente escribió: “Al que nos amó.”

Y ese amor no se quedó en palabras, Él nos lavó de nuestros pecados con su sangre.

El amor de Cristo no ignora nuestro pecado, más bien lo enfrenta, lo perdona, lo limpia, lo transforma. Por eso no tienes que acercarte a Dios fingiendo que estás bien. El nos invita a que vengamos a Él con nuestras culpas, con nuestras lágrimas, con nuestras preguntas.

Con todo aquello que nadie conoce de nosotros; podemos llegar tal como estamos ahora mismo, porque Cristo ya sabe todo, y aun sabiéndolo todo acerca de ti y de mí, nos continúa llamando hoy

Cristo murió precisamente para abrirnos el camino de regreso a nuestro eterno hogar.

Y es por esto que Jesús no espera que primero arregles tu vida para después acercarte a Él. Él nos invita a acercarnos a Él para que podamos comenzar a transformar nuestras vidas.

Hoy es el mejor día para volver, para empezar; No mañana, no cuando seas mejor, no cuando hayas solucionado todo, hoy. Porque el amor de Dios no es una recompensa para quienes lograron ser suficientemente buenos. Es gracia para quienes reconocen que necesitan un Salvador.

Y la ciencia encuentra algo interesante con respecto a este tema

La investigación psicológica encuentra beneficios asociados con procesos de perdón y autoperdón, mientras que la Biblia nos revela la fuente espiritual del perdón: la gracia de Dios en Cristo.

Es por esto que el perdón de Dios no solamente alivia nuestra culpa; restaura nuestra relación con Él. Por lo que hoy no quiero que solamente leas este versículo, quiero que lo recibas.

“Al que nos amó.”

Ese amor también te alcanza a ti hoy. A ti que has fallado, que estás cansado, que llevas una culpa que nadie conoce, que quizás has dejado de orar porque sientes que ya no eres digno de acercarte. Hoy la invitación es para que vuelvas, recordando que Cristo no murió por una versión perfecta de ti, Él murió por ti.

Y su amor todavía está llamando a la puerta de tu corazón hoy. Solo necesitas arrodillarte y decir: “Señor, aquí estoy. Perdóname. Límpiame. Restáurame. Quiero volver a caminar contigo.”

Y confiar en que Él lo hará. Porque si hay algo que este versículo nos recuerda es que nuestro pecado no es más grande que la gracia de Cristo. Y que su amor no depende de nuestra perfección. Depende de quién es Él. Y Él sigue siendo nuestro Salvador.

Oración del día:

Padre amado, hoy me acerco a Ti tal como soy. Sin esconder mis errores, mis heridas ni mis pecados. Gracias porque, aun conociéndome completamente, decidiste amarme.

Gracias por Jesús y por el sacrificio de la cruz. Lávame de mis pecados. Quita de mí la culpa que me aleja de Ti y enséñame a vivir en la libertad de tu perdón. Restaura mi relación contigo. Haz que vuelva a buscarte no solamente cuando necesito algo, sino porque quiero conocerte y caminar contigo. Ayúdame, sobre todo, a comprender la profundidad de tu amor y a vivir cada día confiando en tu gracia. En el nombre de Jesús. Amén.

Reto del día:

Hoy busca un lugar tranquilo. Cierra los ojos y vuelve a leer lentamente:

“Al que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre.”

Y esta vez, léelo en primera persona:

“Cristo me amó. Cristo me limpia. Cristo me perdona. Cristo todavía me llama.”

Después dile algo que quizás llevas demasiado tiempo queriendo decirle y no te animabas a hacerlo. No huyas de Dios por aquello que hiciste o dejaste de hacer. Corre hacia Él precisamente porque necesitas su gracia. Recuerda que todavía hay Oloracielo.

Autora: Elisa Pimentel

 

Apoyo científico

Cowden, R. G., Worthington, E. L., Chung, C. A., Chen, Z. J., et al. (2025). Differential effects of decisional and emotional forgiveness on psychological, spiritual, social, volitional, and physical well-being: A scoping review. Healthcare, 13(9), 992.


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