“Ahora, pues, así dice el
Señor de los Ejércitos: ‘Reflexionen sobre su proceder’.”
Hageo 1:5, NVI
Hay momentos en los que
necesitamos detenernos y hacernos una pregunta que puede cambiar nuestra manera
de vivir: ¿Hacia dónde estamos llevando nuestra vida?
Cuando Dios habló por medio del
profeta Hageo, llamó a su pueblo a mirar con atención sus propios caminos. La
NVI dice: “Reflexionen sobre su proceder”, mientras que la King James conserva
una expresión muy directa: “Consider your ways”, “consideren sus
caminos”. El llamado se repite en el mismo capítulo.
No era simplemente una invitación
a pensar. Era un llamado a detenerse, examinar sus prioridades y reconocer qué
lugar estaba ocupando Dios en sus vidas. ¿No necesitamos nosotros hacer lo
mismo hoy?
Vivimos en un mundo que cambia
rápidamente. Hay acontecimientos que nos hacen recordar que este mundo no
permanecerá para siempre y que las promesas de Dios siguen avanzando hacia su
cumplimiento.
Pero la profecía no fue dada para
llenarnos de miedo. Fue dada también para despertarnos.
Hageo habla de un tiempo en que
Dios sacudirá los cielos y la tierra. Sin embargo, antes de hablar de esa
sacudida, Dios recuerda a su pueblo una verdad mucho más importante: “Mi
Espíritu permanece entre ustedes. No tengan miedo.” Hageo 2:5, NVI. Qué
hermoso equilibrio.
Despiertos,
pero sin temor.
Atentos, pero sin ansiedad.
Conscientes del tiempo, pero confiados en Dios.
Mientras esperamos lo que Dios
prometió, deberíamos preguntarnos: ¿Cómo estoy viviendo mientras espero?
¿Está Cristo ocupando un lugar
real en mi corazón?
¿Mis decisiones reflejan la
esperanza que digo tener?
¿Estoy tan ocupado construyendo
mi presente que he dejado de pensar en la eternidad?
La Biblia no nos llama a vivir
obsesionados con las señales ni a intentar determinar aquello que Dios no nos
ha revelado. Simplemente nos llama a permanecer cerca de Él.
Por eso el mensaje de Hageo sigue
siendo tan actual, como en el momento que se escribió: “Consideren sus
caminos.”
No para señalar a otros, sino
para permitir que Dios examine nuestro propio corazón.
No para vivir con ansiedad por el
futuro, sino para caminar hoy con Aquel que tiene el futuro en sus manos.
No para correr desesperadamente
detrás de las señales, sino para correr hacia Cristo.
Porque mientras esperamos lo que
Dios prometió, tenemos una certeza:
Su
Espíritu permanece.
Su Palabra permanece.
Sus promesas permanecen.
Y llegará el día en que todo lo
que Dios ha dicho se cumplirá, fielmente. Por eso, la invitación de hoy es a detenernos, mirar nuestro camino, reflexionar en él y volver
nuestro corazón a Cristo.
Preguntas para reflexionar:
Si hoy estuviera cara a cara con
Dios: ¿qué encontraría en mi corazón?
Reto de hoy:
Aparta unos minutos, sin teléfono
y sin distracciones, y pregúntale sinceramente a Dios:
“Señor, muéstrame hacia dónde
estoy llevando mi vida y qué necesitas transformar en mí.”
Después, guarda silencio y
escucha su voz.
Mientras esperamos sus promesas,
permanezcamos cerca de Aquel que prometió estar con nosotros todos los días y
hasta el fin del mundo.
Oración del día:
Bendito Dios de amor y
misericordia, que has prometido estar conmigo todos los días, ayúdame a
identificar todo aquello que me está impidiendo mantener mi mirada fija en ti; ayúdame
a reconocer lo que tengo que entregarte para que puedas transformarme; Y
gracias por darme hoy una nueva oportunidad para acercarme más a tu presencia. En
el nombre de Jesucristo, Amen.
Recuerda que todavía hay Oloracielo!
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