lunes, 14 de septiembre de 2026

El amor que nos llama a volver.

 




“Venid y volvamos a Jehová; porque él arrebató, y nos curará; hirió, y nos vendará.”
— Oseas 6:1

Hay momentos en los que nos alejamos de Dios sin darnos cuenta.

No siempre ocurre de repente. A veces comienza lentamente: dejamos de orar como antes, la lectura o el estudio de la Biblia ya no ocupa el mismo lugar en nuestras vidas, la preocupación reemplaza la confianza en Dios y las ocupaciones y los afanes del día a día van apagando aquella emoción que sentíamos cuando entregamos nuestra vida a Cristo.

Seguimos creyendo, seguimos asistiendo a la iglesia, seguimos hablando de Dios, pero, en lo profundo de nuestro corazón, algo ha cambiado.

El libro de Oseas nos presenta a un Dios que conoce la infidelidad de su pueblo, pero que no deja de llamarlo. Es un Dios dolido por el pecado, pero no indiferente. Un Padre que corrige, que advierte, que espera, pero que sobre todo perdona y ama.

En Oseas 2:14, Dios dice: “Yo la atraeré y la llevaré al desierto, y hablaré a su corazón”.

Qué hermoso es descubrir que, aun allí en nuestro desierto, Dios continúa hablando a nuestro corazón, aun cuando nos hemos apartado de Él; Dios no deja de hablarnos, ni deja de querer salvarnos, aun de nosotros mismos.

Él no nos llama para humillarnos, ni reprocharnos constantemente nuestros pecados, sino para, en su amor y por su misericordia, restaurarnos. No nos muestra nuestras heridas para condenarnos, sino para sanarlas. No nos recuerda nuestro pasado porque quiera mantenernos presos en él, sino porque desea enseñarnos que su amor ha sido (y siempre será) más grande que nuestra infidelidad.

Quizás hoy no te sientas como cuando conociste a Cristo por primera vez. Tal vez el entusiasmo de los primeros días se ha debilitado. Tal vez la rutina, el dolor, el pecado o las decepciones han levantado distancia entre tú y Dios, y esto es perfectamente humano, normal y comprensible.

Pero el mensaje de Oseas sigue siendo una invitación para nosotros hoy “Venid y volvamos a Jehová”; Volver no significa fingir que nada ha ocurrido, significa reconocer que nos hemos alejado y permitir que Dios nos encuentre allí donde estamos.

A veces pensamos que primero debemos arreglar nuestra vida para acercarnos a Él. Sin embargo, el amor de Dios nos llama precisamente en medio de nuestra necesidad, de nuestro dolor, de nuestro desierto... No volvemos porque somos fuertes; volvemos porque Él sigue siendo misericordioso con nosotros.

Oseas 6:6 nos recuerda que Dios desea más que una apariencia religiosa, una vida consagrada y rendida a Él, construida desde la confianza, la comunicación y la fe: “Porque misericordia quiero, y no sacrificio; y conocimiento de Dios más que holocaustos”.

Podemos conservar muchas prácticas espirituales y, aun así, necesitar (con urgencia) regresar al corazón de Dios. Podemos saber lo que es correcto y haber perdido la ternura de actuar con justicia y amor, como Dios lo hace cada día con nosotros. Podemos hablar de amor y tener el corazón endurecido. Podemos cumplir externamente (bajo apariencia) y estar tan lejos de Dios internamente.

El llamado hoy es a reconocer que necesitamos volver, desde donde estamos actualmente, a los brazos de nuestro Dios; El nos espera con amor infinito, con un amor inquebrantable, para sanar nuestras heridas, restablecer nuestras fuerzas y caminar a nuestro lado. Solo debemos reconocer que lo necesitamos; vayamos a Él en oración y ruego y restablezcamos ese vínculo de amor en El y con El.

Hoy puede ser un buen día para volver al primer amor. No a una emoción pasajera, sino a una relación verdadera con Aquel que nos amó primero.

Oración del día

Señor, hoy quiero volver a tus pies. Perdóname por las veces que he permitido que la rutina, el pecado, el temor o las preocupaciones me alejen de ti. Despierta en mí el amor que sentí cuando te conocí. Sana mi corazón, restaura mi confianza y enséñame a caminar nuevamente cerca de ti. Que no me conforme con una vida religiosa, sino que pueda conocerte, amarte y reflejar tu carácter cada día, en todo lo que piense, haga o diga. En el nombre de Jesucristo. Amén.

Reto de hoy

Aparta unos minutos para estar a solas con Dios. No le presentes solamente tus peticiones; dile con sinceridad: “Señor, quiero volver a ti. Muéstrame lo que me hace apartarme de ti, y permíteme redirigir mi vida, mis pensamientos y mis acciones a una vida de consagración a ti”.

Recuerda que todavía hay Oloracielo.

Elisa Pimentel


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El amor que nos llama a volver.

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