Él les enjugara toda lagrima de los ojos. Ya no habrá muerte, ni llanto, ni lamento ni dolor, porque las primeras cosas han dejado de existir. Apocalipsis 22:4
Hay momentos en la vida en los que el corazón se siente cansado… como si caminara por un desierto sin sombra. En esos días, Apocalipsis 22:4 se convierte en un susurro que nos sostiene: un día veremos Su rostro. No un símbolo, no una idea, no un recuerdo… sino a Él. Cara a cara. Sin miedo. Sin distancia. Sin lágrimas.
¿Te has detenido a pensar en lo que significa eso? El Dios que te ha visto llorar en silencio. El Dios que ha sostenido tu fe cuando parecía romperse. El Dios que ha seguido llamándote incluso cuando tú te alejabas… Ese Dios te mirará a los ojos. Y en Su mirada no habrá juicio, sino pertenencia. Amor. Hogar.
“Su nombre estará en nuestras frentes.” Eso significa identidad. Significa que ya no seremos definidos por nuestras heridas, por nuestros errores, por nuestras pérdidas. Seremos definidos por Él. Por Su gracia. Por Su victoria. Por Su amor que nunca se rindió con nosotros.
Hoy la invitación es a que, mientras lees estas líneas, imagines ver Su rostro, tener un encuentro con nuestro Dios, estar cercar de Él. Puedes abrir tu Biblia, puedes orar, puedes decirle con sinceridad: “Señor, quiero verte más claramente. Quiero caminar hacia Ti.” Y Él responde. Siempre responde. Porque el cielo no es solo una promesa futura… es una invitación presente.
Pregunta para reflexionar
¿Cómo puedo vivir cada día recordando que pertenezco a Cristo?
Oración
Señor, gracias por la promesa de verte cara a cara. Mientras camino en esta tierra, enséñame a buscar Tu presencia, a descansar en Tu amor y a vivir con la certeza de que Tu nombre está sobre mí. Acércame más a Ti, hoy y siempre. En el nombre de Jesucristo. Amén.
Recuerda que hay Oloracielo!
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