Hay dolores que no caben en palabras, porque simplemente no podemos describirlo; La muerte de un ser querido definitivamente es uno de esos momentos, y cuando llega deja un silencio que pesa, un vacío que parece imposible de llenar. El corazón se pregunta por qué, la mente busca explicaciones, y el alma… el alma solo llora.
La Biblia no ignora este dolor, Dios no lo minimiza, Él lo
reconoce, lo acompaña y lo transforma; el Salmos 34:18 nos dice “Cercano
está Jehová a los quebrantados de corazón.”, esto no solo es una palabra de
consuelo, es la promesa más hermosa que, en momento como estos, podemos
encontrar. Dios no está distante, no es indiferente y no se aleja del
sufrimiento humano. Por el contrario, se acerca mucho más, se sienta a nuestro
lado. Recoge nuestras lágrimas como quien guarda un tesoro.
Una confirmación de esto nos la da el mismo Jesús, cuando en
Juan 11:35 nos relata la historia de la muerte de su amigo Lazaro (Jesús
también lloró), pero no lo hizo porque no iba a ver a Lazaro otra vez (porque
ya estaba decidido lo que iba a hacer), Jesús lloro por el dolor que en ese
momento embargaba a la familia de su amigo, El sintió y encarno el dolor humano,
expresándolo por medio de las lágrimas derramadas en ese momento. Antes de
hablar de esperanza, la Biblia nos muestra algo profundamente humano al
describir como Jesús entendía lo que sucedía con los seres humanos. Jesús lloró
por su amigo Lázaro, lloró al ver el dolor de Marta y María, también lloró
porque la muerte nunca fue parte del diseño original.
Este versículo, tan breve, pero tan poderoso a la vez, nos
recuerda que Dios no es indiferente a nuestro duelo. Él conoce el dolor desde
dentro, sabe cuánto pesa, sabe cuánto daño puede causar, sabe que tan débiles nos
podemos llegar a sentir. Y porque lo conoce perfectamente, es que puede
sanarlo.
Hay una
promesa que sostiene al alma en momentos tan difíciles como esos, porque
en medio del duelo, la fe parece frágil.
“No os entristezcáis como los otros que no tienen
esperanza.” (1 Tesalonicenses 4:13), y ¿quién es nuestra esperanza? ¿En quién
confiamos cuando atravesamos momentos difíciles?
Pablo no dice que no nos entristezcamos; él nos recuerda que
nuestro dolor debe ser distinto, porque está atravesado por una esperanza que
no muere, Cristo Jesús; Él mismo nos dijo “Yo soy la resurrección y la vida…
Juan 11:25. Esta no es una frase poética. Es una declaración eterna del amor de
Dios por la raza humana. Es la promesa que sostiene al creyente cuando la tumba
parece tener la última palabra.
La muerte no es el final. No lo es para quienes están en
Cristo. No lo es para quienes duermen en Su amor. La Biblia lo llama “dormir”,
porque para Dios la muerte es temporal, un paréntesis, un suspiro antes de la
eternidad. En aquel día, y todos los días de nuestras vidas, Dios promete estar
con nosotros…
“Y Dios enjugará toda lágrima de los ojos de ellos.” (Apocalipsis
21:4)
Esta promesa no es solo para el futuro. Es un bálsamo para nosotros
hoy. Es la certeza de que el dolor no será eterno, pero la vida en Cristo sí.
La Biblia nos da varios ejemplos que nos enseñan a confiar:
- Job,
que en medio de su duelo declaró: “Yo sé que mi Redentor vive.”
- David, que lloró la muerte de su hijo, pero luego se levantó y adoró.
- María
Magdalena, que lloraba ante la tumba… hasta que escuchó su nombre en
la voz del Resucitado.
Ellos no negaron su dolor; decidieron llevarlo a Dios, y
Dios los sostuvo. Recordemos que el duelo no se supera, se atraviesa, y en ese
camino Dios no exige fuerza, solo entrega, honestidad, un corazón dispuesto a
ser consolado. Él promete caminar contigo, darte paz, darte esperanza, darte
vida. "El duelo no es un conjunto de etapas que se superan, sino un proceso activo en el que la persona debe trabajar para adaptarse a la perdida" (Worden, 2009)
Reflexionemos en estas preguntas:
- ¿Qué
recuerdo de mi ser querido puedo entregar hoy en las manos de Dios?
- ¿Qué
promesa bíblica necesito abrazar para sostener mi esperanza?
- ¿Cómo
puedo permitir que Dios sane mi dolor sin apresurar mi proceso?
- ¿Qué
me enseña Jesús al llorar con los que lloran?
Oración del día:
Señor, tú conoces mi
dolor. Sabes lo que he perdido, lo que extraño y lo que pesa en mi alma.
Hoy vengo a Ti con mi corazón quebrado, pidiendo que Tu consuelo me envuelva
como un manto. Recuérdame Tus promesas. Hazme descansar en la esperanza de la
resurrección. Sana mis heridas con Tu amor eterno. Y mientras camino este
valle, sé mi luz, mi fuerza y mi paz.
En el nombre de
Jesús,
Amén.
📖 Autora: Elisa
Pimentel
📍 Blog: Oloracielo.blogspot.com
No hay comentarios:
Publicar un comentario