Todo creyente debe escoger si quiere vivir según el principio de la obediencia o seguir sus preferencias. Cuando una persona se compromete a hacer la voluntad del Señor, cada situación y cada decisión es filtrada por el estándar de: “Dios lo dijo, así que voy a hacerlo, y punto”. El creyente podrá quejarse, llorar o intentar discutir, pero será obediente, pase lo que pase.
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