Cuando enfrentamos situaciones difíciles es natural acudir a familiares y amigos en busca de ayuda. A veces, sus palabras amables y alentadoras pueden ser el catalizador que nos dirija al Señor. Sin embargo, siempre debemos examinar los consejos que recibimos. Aunque el consejo esté motivado por el amor y parezca bueno, si no coincide con la Palabra de Dios, debemos ignorarlo con gentileza.
viernes, 7 de septiembre de 2018
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