Abnegación. La señal más evidente de la inmadurez de un niño es su egoísmo. ¡Quiere lo que quiere, y lo quiere ya! Espero que usted ya no actúe de esa manera. Un creyente maduro es sumiso al Señor y se interesa más por los demás que por sí mismo.
martes, 28 de agosto de 2018
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