«¿Cuántos panes tenéis? Ellos dijeron: Siete, y unos pocos pececillos» (Mateo 15:34).
Hay algo que llama mi atención en la historia de los discípulos. En dos ocasiones, Jesús multiplicó los panes y los peces para alimentar a una multitud. Sin embargo, cuando volvieron a enfrentarse a una necesidad semejante, nuevamente se preguntaron cómo podrían alimentar a tantas personas con tan pocos recursos (Mateo 14:13-21; 15:32-38).
Ellos caminaban con Jesús, escuchaban sus enseñanzas y veían sus milagros. Aun así, ante una nueva dificultad, parecían olvidar lo que ya habían presenciado.
¿Y nosotros? No caminamos físicamente junto a Jesús ni podemos verlo hacer milagros delante de nuestros ojos, como lo hicieron aquellos discípulos. Pero tenemos su Palabra, sus promesas y nuestras propias experiencias con Él. ¿Por qué, entonces, cuando llega una nueva dificultad, nos cuesta tanto confiar?
El problema no es la falta de evidencias del amor de Dios, sino nuestra tendencia a mirar lo poco que tenemos en lugar de recordar quién está con nosotros.
La fe no consiste en saber cómo resolverá Dios cada situación, sino en confiar en Él aun cuando no sabemos cómo lo hará. Jesús no ha prometido que todo sucederá como esperamos, pero podemos confiar en su amor, su sabiduría y su propósito para nuestras vidas.
Hoy, cuando sientas que tus recursos son insuficientes, que tus fuerzas se agotan o que no encuentras una salida, recuerda lo que Dios ha hecho por ti. No permitas que la incertidumbre de hoy te haga olvidar su fidelidad de ayer.
Para reflexionar
¿Estamos mirando demasiado nuestros pocos panes y nuestros pocos peces, olvidando que podemos ponerlos en las manos de Jesús?
Oración del día:
Señor, perdónanos cuando permitimos que las dificultades nos hagan olvidar tu fidelidad. Ayúdanos a confiar en ti, incluso cuando no comprendemos lo que sucede. Enséñanos a vivir por fe, descansando en tu amor y creyendo que tu voluntad es mejor que nuestros propios planes. En el nombre poderoso de Jesucristo, Amén.
Reto del día:
Cuando surja una preocupación, antes de preguntarte cómo vas a resolverla, recuerda una ocasión en la que Dios te sostuvo. Ora, entrégale tu situación y da el siguiente paso confiando en Él.
Con cariño, Elisa Pimentel | Oloracielord

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