“¿Qué Dios como tú, que perdona la maldad, y olvida el pecado del remanente de su heredad? No retuvo para siempre su enojo, porque se deleita en misericordia.”
Miqueas 7:18.
Quizás hoy alguien esté leyendo
estas palabras y pensando: “He pecado demasiado. He fallado demasiadas
veces. Dios ya no puede perdonarme.”
Pero entonces aparece este hermoso
versículo y nos recuerda algo que nuestro corazón necesita volver a escuchar: Dios
se deleita en misericordia.
Qué diferente es nuestro corazón
del corazón de Dios.
Nosotros podemos recordar lo que
hicimos durante años. Podemos castigarnos por nuestros errores, sentir
vergüenza y pensar que hemos caído demasiado bajo para volver a levantarnos.
Pero Dios nos invita a mirar hacia Él, no hacia la profundidad de nuestra
caída.
Eso no significa que el pecado no
tenga consecuencias ni que Dios apruebe aquello que nos destruye. Significa que
nuestro pecado nunca será más grande que la misericordia de Dios cuando
acudimos a Él con un corazón arrepentido.
David lo entendió después de haber
pecado gravemente: “Al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh
Dios.” Salmo 51:17.
Tal vez llevas mucho tiempo lejos.
Tal vez has intentado esconderte de Dios porque la culpa te hace sentir indigno
de acercarte. Pero escucha esto: No tienes que limpiar tu vida primero para
acercarte a Dios. Acércate a Él para que pueda comenzar a transformarla.
El mismo Dios que te muestra tu
pecado es el Dios que extiende su misericordia hoy hacia ti. El mismo que te
llama a volver es quien abre sus brazos cuando decides regresar.
La invitación de hoy es a que nos
preguntemos: ¿Estoy dispuesto a volver a los brazos de mi Salvador?; Porque
todavía puedes hacerlo. Todavía hay gracia. Todavía hay misericordia. Todavía
puedes comenzar de nuevo, y hoy es el mejor día para hacerlo.
“¿Qué Dios como tú?” Un
Dios que no se deleita en nuestra condenación, sino en la misericordia.
Oración del día:
Señor, hoy quiero dejar de
esconderme de Ti. Tú conoces mis errores, mis caídas y todo aquello que me
avergüenza. Ayúdame a creer en que tu misericordia es mayor que mi pecado y
dame un corazón verdaderamente arrepentido para volver a Ti. En el nombre
poderoso de Jesucristo, Amén.
Si hoy te sientes lejos de Dios,
da solamente el primer paso, y ven, vuelve a Él.
Todavía hay Oloracielo.
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