martes, 22 de septiembre de 2026

Cuando conoces a Dios, ya no quieres volver a ser quien eras...

 



“Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase a Jehová, el cual tendrá de él misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar.”
Isaías 55:7

Quizás una de las cosas que más se ha malinterpretado del cristianismo es pensar que acercarse a Dios significa dejar de disfrutar la vida.

Desde afuera puede parecer que quien decide seguir a Cristo está renunciando a demasiadas cosas: deseos, hábitos, placeres, costumbres y formas de vivir que el mundo considera normales.

Pero hay algo que solamente podemos comprender cuando realmente conocemos a Dios, y es que no todo lo que dejamos atrás es necesariamente una pérdida.

Hay cosas de las que Dios nos invita a desprendernos porque estaban destruyéndonos, y muchas veces sin darnos cuenta.

El pecado puede ofrecer satisfacción momentánea, pero deja heridas profundas, relaciones rotas, culpas, vacíos y una necesidad constante de buscar algo que vuelva a llenar lo que permanece vacío.

Y mientras nuestra sociedad intenta encontrar respuestas cada vez más lejos de Dios, la Biblia continúa haciendo una invitación sencilla: “Vuélvase a Jehová”; No dice cambia tus hábitos y luego ven a Dios, no, te invita a venir como estas y a dejar que Dios transforme tu lamento en canto. Y definitivamente el verdadero cambio comienza cuando cambia nuestra relación con Él.

Durante generaciones hemos tenido acceso a la Palabra de Dios, pero conocer la Biblia no significa necesariamente conocer a su Autor, y cuando hablo de esto siempre viene a mi mente una persona que conocí hace muchos años, la cual se sabía cada verso, cada palabra de la biblia, pero no conocía verdaderamente al Dios de la Biblia.  Y es que podemos escuchar sus principios y aun así vivir como si Dios no existiera.

Y quizás parte de la confusión que vemos a nuestro alrededor nace precisamente de esto, de que hemos aprendido a vivir sin preguntarnos qué quiere Dios de nosotros; solo sabemos que está ahí, pero no le conocemos realmente.

Pero cuando comenzamos a conocerlo verdaderamente, algo empieza a cambiar en nuestro interior. Ya no obedecemos solamente porque tenemos miedo al castigo. Comenzamos a obedecer porque entendemos su amor. Ya no abandonamos o dejamos de hacer ciertas cosas porque alguien nos dijo que están mal, comenzamos a abandonarlas porque descubrimos que nos estaban alejando de Aquel que nos amó primero.

Y entonces comprendemos que la vida cristiana no consiste simplemente en dejar de hacer cosas. Consiste en permitir que Dios sane lo que el pecado ha herido y destruido, que restaure lo que hemos perdido y que transforme aquello que nosotros no hemos podido cambiar por nosotros mismos.

Isaías nos recuerda que Dios no solamente llama al arrepentimiento, El también promete misericordia.

Quizás hoy estás cansado de luchar contigo mismo.

Quizás has intentado cambiar muchas veces y has vuelto a caer.

Quizás has llegado a pensar que Dios está demasiado lejos de ti.

Pero escucha nuevamente la invitación de hoy: “Vuélvete a Jehová.”

No porque seas perfecto. No porque hayas arreglado ya toda tu vida, vuelve porque Él todavía tiene misericordia, amor y perdón para los que crean y los que esperan en Jehová.

Tal vez el mundo nos diga que seguir a Cristo significa perder libertad. Pero quizá la verdadera libertad comienza precisamente cuando dejamos de ser esclavos de aquello que nos está autodestruyendo.

Y cuando finalmente llegamos a conocemos el amor de Dios, descubrimos algo que antes no entendíamos: No estamos renunciando a la vida, estamos aprendiendo a vivir.

Oración del día:

Padre, ayúdame a conocerte de verdad y no solamente a conocer acerca de Ti. Muéstrame aquello que necesito entregar, sana las heridas que el pecado ha dejado en mi vida y enséñame a encontrar en Ti lo que he buscado tantas veces en otros lugares. Dame un corazón sincero para arrepentirme y la confianza para volver a tus brazos. Que mi vida pueda experimentar la transformación que solamente tu amor puede producir. En el nombre de Jesús. Amén.

Reto de hoy

Busca un momento de silencio y pregúntale a Dios: “Señor, ¿qué vacío tengo, que estoy buscando llenar fuera de Ti?, muéstramelo y toma su lugar”.

Quédate en silencio, ora y permite que Dios hable a tu corazón por medio de su Palabra.

Quizás hoy no necesitamos encontrar algo nuevo.
Quizás solo necesitamos volver a Aquel que nunca dejó de buscarnos y que es amplio en perdonar.

Todavía hay Oloracielo.


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