“Deje el impío su camino, y el
hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase a Jehová, el cual tendrá de él
misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar.”
— Isaías 55:7
Quizás una de las cosas que más se
ha malinterpretado del cristianismo es pensar que acercarse a Dios significa
dejar de disfrutar la vida.
Desde afuera puede parecer que
quien decide seguir a Cristo está renunciando a demasiadas cosas: deseos,
hábitos, placeres, costumbres y formas de vivir que el mundo considera
normales.
Pero hay algo que solamente
podemos comprender cuando realmente conocemos a Dios, y es que no todo lo que
dejamos atrás es necesariamente una pérdida.
Hay cosas de las que Dios nos
invita a desprendernos porque estaban destruyéndonos, y muchas veces sin darnos
cuenta.
El pecado puede ofrecer
satisfacción momentánea, pero deja heridas profundas, relaciones rotas, culpas,
vacíos y una necesidad constante de buscar algo que vuelva a llenar lo que
permanece vacío.
Y mientras nuestra sociedad
intenta encontrar respuestas cada vez más lejos de Dios, la Biblia continúa
haciendo una invitación sencilla: “Vuélvase a Jehová”; No dice cambia tus
hábitos y luego ven a Dios, no, te invita a venir como estas y a dejar que Dios
transforme tu lamento en canto. Y definitivamente el verdadero cambio comienza
cuando cambia nuestra relación con Él.
Durante generaciones hemos tenido
acceso a la Palabra de Dios, pero conocer la Biblia no significa necesariamente
conocer a su Autor, y cuando hablo de esto siempre viene a mi mente una persona
que conocí hace muchos años, la cual se sabía cada verso, cada palabra de la
biblia, pero no conocía verdaderamente al Dios de la Biblia. Y es que podemos escuchar sus principios y aun
así vivir como si Dios no existiera.
Y quizás parte de la confusión que
vemos a nuestro alrededor nace precisamente de esto, de que hemos aprendido a
vivir sin preguntarnos qué quiere Dios de nosotros; solo sabemos que está ahí,
pero no le conocemos realmente.
Pero cuando comenzamos a conocerlo
verdaderamente, algo empieza a cambiar en nuestro interior. Ya no obedecemos
solamente porque tenemos miedo al castigo. Comenzamos a obedecer porque
entendemos su amor. Ya no abandonamos o dejamos de hacer ciertas cosas porque
alguien nos dijo que están mal, comenzamos a abandonarlas porque descubrimos
que nos estaban alejando de Aquel que nos amó primero.
Y entonces comprendemos que la
vida cristiana no consiste simplemente en dejar de hacer cosas. Consiste en
permitir que Dios sane lo que el pecado ha herido y destruido, que restaure lo
que hemos perdido y que transforme aquello que nosotros no hemos podido cambiar
por nosotros mismos.
Isaías nos recuerda que Dios no
solamente llama al arrepentimiento, El también promete misericordia.
Quizás hoy estás cansado de luchar
contigo mismo.
Quizás has intentado cambiar
muchas veces y has vuelto a caer.
Quizás has llegado a pensar que
Dios está demasiado lejos de ti.
Pero escucha nuevamente la
invitación de hoy: “Vuélvete a Jehová.”
No porque seas perfecto. No porque
hayas arreglado ya toda tu vida, vuelve porque Él todavía tiene misericordia,
amor y perdón para los que crean y los que esperan en Jehová.
Tal vez el mundo nos diga que
seguir a Cristo significa perder libertad. Pero quizá la verdadera libertad
comienza precisamente cuando dejamos de ser esclavos de aquello que nos está autodestruyendo.
Y cuando finalmente llegamos a conocemos
el amor de Dios, descubrimos algo que antes no entendíamos: No estamos
renunciando a la vida, estamos aprendiendo a vivir.
Oración del día:
Padre, ayúdame a conocerte de
verdad y no solamente a conocer acerca de Ti. Muéstrame aquello que necesito
entregar, sana las heridas que el pecado ha dejado en mi vida y enséñame a
encontrar en Ti lo que he buscado tantas veces en otros lugares. Dame un
corazón sincero para arrepentirme y la confianza para volver a tus brazos. Que
mi vida pueda experimentar la transformación que solamente tu amor puede
producir. En el nombre de Jesús. Amén.
Reto de hoy
Busca un momento de silencio y
pregúntale a Dios: “Señor, ¿qué vacío tengo, que estoy buscando llenar fuera de
Ti?, muéstramelo y toma su lugar”.
Quédate en silencio, ora y permite
que Dios hable a tu corazón por medio de su Palabra.
Quizás hoy no necesitamos
encontrar algo nuevo.
Quizás solo necesitamos volver a Aquel que nunca dejó de buscarnos y que es amplio en perdonar.
Todavía hay Oloracielo.
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