miércoles, 14 de octubre de 2026

¿Qué nos falta entregar?

 


«Una cosa te falta: anda, vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme» (Marcos 10:21).

Un joven se acercó a Jesús con una pregunta importante: ¿qué debía hacer para heredar la vida eterna? Conocía los mandamientos y afirmaba haberlos guardado desde su juventud. Sin embargo, Jesús le mostró que todavía había algo que necesitaba entregar: aquello a lo que estaba aferrado su corazón.

El problema no eran sus posesiones en sí mismas, sino el lugar que ocupaban en su vida. Cuando Jesús lo invitó a compartir sus bienes con los pobres y a seguirlo, el joven se fue triste, porque tenía muchas riquezas.

¿Podría estar sucedernos algo parecido hoy?

A veces pensamos que nuestra relación con Dios está bien porque conocemos su Palabra, procuramos obedecer sus mandamientos y cumplimos con nuestras responsabilidades religiosas. Pero ¿qué ocurre cuando el Señor nos pide renunciar al orgullo, al egoísmo, a sentirnos superiores a los demás o a nuestra indiferencia ante el sufrimiento ajeno?

Amar a Dios implica aprender a amar también a nuestro prójimo. No podemos decir que seguimos a Cristo mientras cerramos el corazón ante las necesidades de quienes nos rodean.

La salvación no se compra con nuestras buenas obras ni se alcanza por nuestros propios méritos; es un regalo de la gracia de Dios. Sin embargo, cuando permitimos que Cristo transforme nuestro corazón, ese amor comienza a reflejarse en nuestra manera de vivir, de compartir y de tratar a los demás.

Hoy Jesús no nos esté pidiendo que entreguemos nuestras posesiones, sino que dejemos de aferrarnos a algo que nos impide seguirlo plenamente. Pensemos en esto, ¿a qué nos estamos aferrando hoy, que nos aleja de Dios? 

No se trata de mirar lo que les falta a los demás, sino de permitir que Dios nos muestre lo que todavía necesitamos rendirle. Porque seguir a Jesús es mucho más que conocer sus mandamientos, es permitirle transformar nuestro corazón hasta aprender a amar como Él nos amó.

Hoy la invitación es a que le entreguemos nuestro corazón, sin reservas, a nuestro Dios.

Oración del día: 

Amado Padre, examina nuestro corazón y muéstranos aquello que todavía nos impide seguirte plenamente. Perdónanos por las veces que hemos permitido que el egoísmo, el orgullo o la indiferencia ocupen el lugar que solo le corresponde al amor. Enséñanos a mirar a nuestro prójimo con tus ojos y a compartir con generosidad lo que hemos recibido de ti. No queremos solamente conocer tu voluntad; queremos vivirla con un corazón transformado por tu gracia. Ayúdanos a rendirte nuestra vida sin reservas y a seguir a Jesús por encima de todo aquello a lo que nos aferramos. En el nombre de Jesucristo, amén.

Con cariño: Oloracielo!!!

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